1. Diálogos entre metodologías y teorías científicas
Objetivos
- Identificar la diversidad del conocimiento científico como producción social.
- Reconocer los contextos conceptuales y metodológicos de la Geografía como ciencia social.
- Caracterizar las recientes mutaciones teórico-metodológicas de la investigación geográfica.
- Proponer una aproximación al planteo del problema y la realidad geográfica.
- Reflexionar sobre los enfoques teóricos en su diálogo con el espacio geográfico como objeto de la investigación y su adecuación metodológica.
Introducción
En esta unidad se desarrollan algunos contenidos que resultan indispensables para guiar al estudiante en esta introducción a la metodología de la investigación geográfica. Con este fin se propone acordar un vocabulario conceptual y visibilizar algunos mitos sobre la ciencia y el conocimiento. También, construir un trayecto basado en el diálogo necesario entre teoría y metodología, y pensado desde la complejidad de las ciencias sociales. Estos contenidos y procesos nos permitirán conceptualizar la Geografía y su investigación como el resultado de un camino recorrido mediante diversas maneras de abordar lo real y el conocimiento.
1.1. El camino racional y la necesidad de la objetividad científica
Si hay una visión del mundo, esta visión implica su devenir.
La necesidad de la objetividad en las ciencias ha sido y es un componente central desde los griegos hasta el día de hoy. Precisamente, es este rasgo de objetividad lo que diferencia el conocimiento científico de otros conocimientos. Desde la antigüedad ha existido la necesidad de plantear un orden, proporcionando un sentido de lo real que trascienda al sujeto y siente las bases de lo que conocemos como “objetividad”.
El vaivén del saber geográfico de alguna manera acompaña estas preocupaciones acerca de la manera de aproximarnos a la realidad desde diferentes tradiciones. Estas van desde Eratóstenes, que calculó el diámetro del planeta –y por ende su tamaño– mediante la observación y las experimentaciones matemáticas, hasta Estrabón, cuyas descripciones sentaron los conocimientos geográficos grecorromanos que sustentaron el poder en el Mediterráneo. E incluyen a Paul Vidal de la Blache (1845-1918) con su Géographie universelle, en el siglo XIX, como expresión del saber geográfico, reconstruido según los lentes de la cosmogonía occidental y moderna.
Desde la consolidación de la ciencia moderna partimos de la premisa o principio de comprender la realidad como un hecho externo, el “tal cual es”. Para esta realidad –hecho social, cosmos o naturaleza, o como sea que la llamemos–, los sentidos tienen un papel menor, ya que no alcanzan por sí solos para comprenderla. Ni tampoco solo se trata de las abstracciones que pudiéramos realizar sobre ella. Este dilema ha construido y deconstruido el trayecto de miles de años del hombre frente al conocimiento.
El camino ha sido muy sinuoso para poder sintetizarlo en pocas páginas, es imposible. Por este motivo proponemos un esquema de ideas centrales (Figura 1.1).
Principales ideas en la ciencia
Fuente: elaboración Cristina Teresa Carballo.
Tal como planteó Immanuel KantN respecto de la revolución de la ciencia moral, en los siglos XIX-XX se produce una revolución copernicana, por el giro epistemológico de las ciencias. La validez del conocimiento se expresa en una producción científica y tecnológica cuyas teorías cuestionan a la ciencia misma. Por ejemplo, se introduce la controversia respecto de la unidad contradictoria entre sujeto y objeto.
Más adelante, alrededor de los años veinte del siglo pasado, se conformó el Círculo de Viena: un grupo de científicos motivados por establecer las nuevas bases de una filosofía científica. Estas ideas introducen lo que se denominó neopositivismo a partir del empirismo lógico. Tales supuestos revolucionaron y consolidaron la matriz científica y metodológica que enmarcó el boom tanto científico como tecnológico del siglo XX. Por otra parte, la crítica de Karl PopperN al método inductivo positivista se sustentó en que la ciencia no obtiene su validez –y, por ende, el conocimiento– de la generalización a partir de la observación, sino que procede por la deducción, pasando de las teorías o hipótesis a sus consecuencias observables o comprobables (método hipotético-deductivo).
En estas últimas décadas somos testigos y protagonistas de los cambios atravesados
por las ciencias en general. Las estrictas exigencias del deber ser del
método científico se ha cuestionado desde siempre, y de ello dan cuenta los
diferentes conflictos que ha sufrido la investigación social en los ámbitos académicos.
Algunas posiciones epistémicas, frente al avance de las ciencias sociales,
han querido expresar este nuevo escenario científico como un verdadero anarquismo metodológicoN si
se lo compara con las tradiciones ortodoxas que predominaron en la validación
del método científico, como por ejemplo el
neopositivismo.
En cierta forma, esta introducción a las ciencias nos coloca en un lugar diferente si comparamos las rígidas estructuras teóricas que condicionaban al quehacer geográfico con los cambios presentes. Un reflejo de esos momentos científicos en relación con la Geografía puede encontrarse en los aportes de Edward Ackerman (1911-1973).
Immanuel Kant (1724-1804) explica el cambio que introduce su filosofía de la concepción del conocimiento mediante una analogía con la revolución copernicana. La filosofía anterior a Kant suponía que en la experiencia de conocimiento el sujeto que conoce es pasivo y que el objeto conocido influye en el sujeto y provoca en él una representación fiel y exacta (realismo ingenuo). Kant propone invertir la relación y aceptar que en la experiencia cognoscitiva el “sujeto cognoscente” es activo en el acto de conocimiento; el sujeto cognoscente modifica la realidad conocida. Son las cosas las que se someten a nosotros para poder ser conocidas.
Karl Popper (1902-1994) formalizó el método de la falsación o falsacionismo, que resguarda el conocimiento científico. Es un crítico del inductivismo; es decir que la tarea del científico y el conocimiento no comienzan con la observación o la percepción de los hechos. La ciencia debe partir de problemas que surge de las contradicciones entre las teorías y los hechos. La ciencia, de esta manera, no busca confirmar certezas sino falsear los hechos con las hipótesis, refutarlas. Con ello llega a la posición de que no existe una hipótesis verdadera; por lo tanto, tampoco una teoría verdadera, sino explicaciones y conocimientos aceptados provisoriamente.
Sin duda, un revolucionario posmoderno ha sido Paul Feyerabend (1924-1994), quien niega que la ciencia tenga un método propio. Esta idea es muy poco ortodoxa ya que, como hemos visto, la ciencia siempre requiere de un método o, más bien, de una construcción metodológica. Lo que propone este filósofo es que los investigadores cuentan con conocimiento científico para su tarea científica y no porque utilicen “un método” establecido, sino algo así como un conocimiento sagrado o dogmático.
Si la ciencia es la demanda de la regularidad subyacente a los diversos eventos, la Geografía entra francamente en esta óptica. De hecho, la Geografía procede a través de observaciones y descripciones ordenadas y verificables, a través de la construcción de hipótesis, para proyectar la realidad de lo desconocido. Estas hipótesis son probadas por la conducción de experiencias o por las observaciones posteriores. Ello lleva a la construcción de un cuerpo de teoría a partir de las hipótesis verificadas que, a su turno, forman la base para nuevas hipótesis, nuevas observaciones y nuevas experiencias (Ackerman, 1963). Un principio debe permanecer presente: el espíritu científico necesita ser estructurado por el pensamiento y la experiencia antes de llegar al estadio de creación. De esta manera, pensar geográficamente, estructurar el espíritu en términos de distribuciones y de correlaciones espaciales, es el objetivo más importante para el que quiere hacer Geografía.
Estas bases que sustentaban la investigación geográfica actualmente permanecen en prácticas que intentan rescatar algunas normas que regían la ciencia a mediados y finales del siglo XX. Hoy coexisten con otros abordajes de la realidad, y van de la mano con la definición del espacio geográfico. Retomaremos esta noción más adelante.
En esta unidad reflexionaremos sobre algunos aspectos de las prácticas científicas y las teorías metodológicas que han influenciado sobre nuestra manera de mirar al mundo. La finalidad no es elaborar una síntesis erudita, sino proponer un mapa que nos ayude a atravesar el laberinto de sumadas confusiones cotidianas en relación con la producción de conocimiento. Algo así como un marco referencial que nos ofrezca una ventana para abordar la complejidad. Tal como lo expresa Jean-Bernard Racine (1978: 13): "Más que de aplicación, o de acción directa más o menos tecnocrática, de lo que se trata ahora no es de cuestionar el qué y el cómo de la actividad científica, sino el porqué".
Esta idea central es la que nos motiva a recorrer algunos aspectos del conocimiento científico y de las condiciones de ciencia que han tenido diversas validaciones teóricas. Condiciones científicas que, reunidas bajo un mismo propósito metodológico, conforman lo que conocemos como paradigmasN de la ciencia.
Thomas Khun (1922-1993) marcó un hito en la sociología del conocimiento y la epistemología, y popularizó el concepto de paradigma. Este se utilizó para referirse a modelos de conocimiento aceptados por las comunidades científicas. Si el paradigma propuesto logra unificarse y solidificarse, acaba por reemplazar al anterior y se dice que tiene lugar un cambio de paradigma.
Infografía "¿Qué es la ciencia?"
A partir de la infografía “¿Qué es la ciencia?”, responda:
- ¿Quién es Mario Bunge y cómo clasifica las ciencias?
- ¿En qué consiste el método científico para este pensador?
- ¿De qué campo son los científicos emblemáticos que fueron seleccionados para comprender la evolución de la ciencia?
- ¿Qué elementos comunes encuentra entre la regularidad científica de Bunge y la frase de Ackerman sobre la investigación geográfica en la ciencia?
La Geografía, como disciplina, fue mutando la manera de definir sus objetos y métodos. El espacio geográfico tomó una u otra identidad según los ritmos de los paradigmas científicos y de las ciencias sociales. De esta manera, se fueron incorporando fuertes cuestionamientos al neopositivismo lógico, que resonarán en la investigación de las ciencias sociales.
Marcelo Gómez nos propone con claridad los límites de la objetividad científica frente a lo real:
Para la ciencia moderna la comprensión debe rechazarse en tanto y en cuanto implique inseparabilidad con la personalidad del investigador. El método científico como limitador de la subjetividad no podría funcionar ya que la prueba no dependería del sistema de reglas vinculado al método sino de la individualidad o subjetividad del que formula la comprensión.
Es […] respecto a este debate que fue desde las ciencias catalogadas a menudo como las más objetivistas las que explicitaron con claridad los límites de la objetividad. Esto podría parecer paradojal o extraño solo para aquellos que no logran ir más allá de lo superficial y captar la naturaleza más profunda de la ciencia y sus sutilezas […] Aquí vamos a sostener la idea de que el régimen de verdad que supone el conocimiento científico es un resultado histórico trabajosamente alcanzado a lo largo de muchísimos siglos que se caracteriza por su capacidad de auto mejoramiento y superación de la representación de lo real.
Lea el siguiente extracto:
“En este sentido la ciencia debe pensarse como un trabajo crítico basado en la disciplina rigurosa de criticar nuestras representaciones del mundo mediante hechos, y de criticar a los hechos desde nuestras representaciones del mundo. Sobre esta base es que la tecnología del pensamiento que pretende la objetividad, es decir la metodología en su sentido más ordinario, se ha ido desarrollando tanto en las ciencias naturales como en las sociales. Uno de los aspectos que va más en menoscabo de la ciencia es la mitología del método que traiciona las fuerzas de este desarrollo aspirando a congelarlo” (Gómez, 2001: 31).
Responda las siguientes preguntas:
- ¿Qué se pone en discusión sobre la trayectoria del método científico para abordar el mundo que hoy conocemos?
- ¿Qué significa la verdad científica como resultado histórico?
Batthyány, K. y Cabrera, M. (2011). Metodología de la investigación en Ciencias Sociales. Apuntes para un curso inicial. Montevideo: Departamento de Publicaciones, Unidad de Comunicación de la Universidad de la República (UCUR), pp. 9-18.
1.3. Tradiciones e ideas sobre objeto y metodología en el análisis geográfico
En este momento del recorrido de ideas acerca de la ciencia hemos tomado conocimiento de la complejidad de la investigación en nuestra disciplina. En este apartado simplemente nos detendremos en algunos aspectos que hacen a una tradición de estudio bien arraigada que, a modo de yuxtaposición o acumulación, coexiste en el presente con nuevas formas de apropiarse y producir conocimiento geográfico.
La realidad, en definitiva, no habla por sí sola. Necesita ser interrogada, organizada alrededor de los conceptos. Pero los conceptos son elaborados o reelaborados por el sujeto a partir de su herencia cultural y de su experiencia. Por eso tienen cierto carácter subjetivo. El ejercicio de la vigilancia epistemológica debe ser constante y tendiente a subordinar el uso de técnicas y conceptos a un examen continuo sobre las condiciones y los límites de su validez. La ruptura consiste en alejar de la ciencia la influencia de las nociones comunes, como manera de lograr la objetivación de las técnicas de investigación. Para esto es preciso realizar una crítica lógica y lexicológica del lenguaje común con el objeto de elaborar y reelaborar las nociones científicas. ¿Cómo romper con el empirismo, el teoricismo o el formalismo excesivo de la ciencia? La respuesta se focaliza en ejercer la vigilancia epistemológica, como el modo general de actuación para la práctica de la investigación y por su riqueza para descubrir conocimientos nuevos, así como también para desmontar creencias y discursos.
Es necesario someter las operaciones de la práctica sociológica a la polémica de la razón epistemológica, para definir y, si es posible, inculcar una actitud de vigilancia que encuentre en el completo conocimiento del error y de los mecanismos que lo engendran uno de los medios para superarlo (Bourdieu et al., 1975: 14). ¿Cómo ponerla en práctica? Bourdieu et al. proponen dos principios generales:
- Reconocer cuáles son los obstáculos al conocimiento de lo social.
- Aplicar las técnicas de ruptura, frente a la ingenuidad reproductivista de los investigadores. […] La práctica científica supone una ruptura con las prenociones del sentido común por el hecho de que el descubrimiento científico no se reduce nunca a una simple lectura de lo real, sino a romper con lo real y con las configuraciones que este propone a la percepción.
Fuente: seleccionado de Batthyány y Cabrera (2011: 14).
1.3.1. Objeto de estudio y paradigmas geográficos: acuerdos
A modo de un breve repaso proponemos iniciar el tema de este apartado con las ideas que se exponen en la Figura 1.4, en la cual Capdepón (2004) realiza una síntesis sobre la relación que existe entre las escuelas geográficas y los cambios epistemológicos en las ciencias sociales, en la definición del objeto de estudio. Es importante tener en cuenta que los paradigmas citados por Capdepón no fueron lineales, ni universales en la disciplina geográfica.
Cabe aclarar, además, que los objetos de estudio pueden ser abordados por distintas corrientes de pensamiento geográfico, y por eso, con una carga teórica particular y diferente. Buena parte del desarrollo científico en Geografía ha sido controversial, cuenta de ello da en un interesante artículo David Stoddart (1982: s/p).
[…] Kuhn introdujo la noción de paradigma en su análisis sobre La estructura de
las revoluciones científicas (1962). Desde entonces los términos y conceptos
vertidos en esta obra han sido ampliamente adoptados en la discusión filosófica e
historiográfica, especialmente en las ciencias sociales. Después de algunas
vacilaciones, la idea de paradigma ha pasado a ser también repentinamente moneda
corriente en los escritos geográficos […]
Kuhn utilizó el término de paradigma para denominar un conjunto de supuestos y procedimientos generalmente aceptados, los cuales servían para definir a la vez los temas y los métodos de la investigación científica. Para Kuhn, la “ciencia normal” se desenvolvía dentro del contexto acotado por el paradigma imperante, que por sí mismo definía tanto la importancia y prioridades de las cuestiones a estudiar, como el conjunto de criterios sobre los que se basaba la aceptabilidad de las soluciones y de los resultados. […]
Pero de tanto en tanto, los objetivos y procedimientos dentro de los cuales
se desenvolvían los científicos aparecían como menos satisfactorios y,
en consecuencia, el paradigma imperante proporcionaba así la clave para
la interpretación del desarrollo histórico en las ciencias: los cambios
pasaron a verse como episódicos o como efectivamente revolucionarios. Con
un cambio de paradigma, los viejos problemas perdían su significación,
los viejos métodos su relevancia, y el foco de interés de la investigación
se desplazaba bruscamente hacia nuevas
áreas. […]
Así, por ejemplo, considerando que sea cierto que la geomorfología de
Davis fue codificada en los libros de texto y, de forma generalizada, adoptada
tanto por los investigadores como por los pedagogos durante la primera
mitad del siglo XX, hay que señalar también que las ideas de Davis fueron
recibidas con escepticismo
por muchos, […]
Ninguno de estos ejemplos, ha sido unánimemente aceptado como un paradigma geográfico en el sentido original de Kuhn; todos tienen una larga historia dentro de la disciplina, y todos han coexistido con muchas otras escuelas de pensamiento divergentes.
De esta manera, los principales paradigmas son necesarios para ordenar y comprender los cambios de la producción geográfica. La diversidad científica siempre está asociada a los cambios ocurridos en las ciencias. Por este motivo, hemos reconocido que el referente científico que valida la producción geográfica ha variado desde las ciencias biológicas a la física-matemática, hasta enmarcarlos, indiscutiblemente, en el campo de las ciencias sociales. Trayecto científico que podemos visualizar en las corrientes geográficas y en la redefinición del objeto de estudio de la Geografía: el espacioN.
El objeto de la investigación geográfica no puede divorciarse del propio objeto de la disciplina científica. El espacio geográfico ha sido una categoría que ha adquirido gran difusión y confusión, dado que muchas veces se la utiliza de manera indistinta, salteando o superponiendo miradas teóricas. Por ello, el resumen en forma de esquema acerca del papel del objeto de la ciencia geográfica y su diálogo con la validez científica, tomado de Capdepón (2004), expresa de manera sencilla el recorrido del concepto de espacio (Figura 1.4).
La forma de definir el problema de la investigación está intrínsecamente vinculada con la forma de problematizar el espacio geográfico. De allí el esfuerzo del autor para visualizar las principales acepciones del espacio según las corrientes geográficas, con lo cual no es solo una cuestión de erudición.
Esta síntesis adquiere sentido para nosotros cuando nos encontramos frente a la problematización del recorte territorial y el planteo del problema. El planteo del problema no puede desentenderse de este aspecto metodológico, tal como la escala de su análisis.
En relación con el concepto de espacio, se recomienda revisar la Unidad 3 de la carpeta de trabajo de Benedetti, A. (2017), Epistemología de la geografía contemporánea. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes.
Cuadra, D. (2014). “Los enfoques de la Geografía en su evolución como ciencia” [en línea]. Geográfica Digital, Año 11, Nº 21, enero-junio. Resistencia: Facultad de Humanidades, UNNE. https://hum.unne.edu.ar/revistas/geoweb/Geo21/archivos/cuadra14.pdf
El espacio como objeto de estudio en la investigación geográfica
Fuente: extraído y adaptado de Capdepón (2004: 143).
Ahora bien, el espacio geográfico, con sus diferentes cargas conceptuales, adquiere un papel central al colocarlo como concepto operacional en la investigación. A partir de él podemos hacer dialogar diversos abordajes según nuestro problema de investigación, lo que permite sintetizar la complejidad del recorte-objeto de trabajo.
Santarelli, S. y Campos, M. (2002). Corrientes epistemológicas, metodología y práctica en Geografía. Bahía Blanca: Ediuns.
Finalmente, esta idea de síntesis no se puede desligar del espacio geográfico. La síntesis geográfica, como método central del geógrafo, ha recorrido en la producción geográfica un complejo camino. Veremos que también la categoría de síntesis geográfica tuvo resonancias tanto teóricas como metodológicas, sobre todo en el siglo XX, junto con otras de igual importancia, como fue la de región. Esta última noción ha significado mucho más que un recorte territorial; ha sido una metodología de abordaje de la realidad.
1.3.2. La región: metodología geográfica
En realidad, como veremos, la síntesis regional cumple un doble papel ya que fue utilizada como metodología y como objeto de la Geografía. Esta noción pasó por varias mutaciones que hacen al devenir de las ideas y de las preocupaciones tanto sociales como científicas. Por este motivo, resulta crucial desandar algunas de las ideas instaladas en nuestro medio geográfico y proponer un camino que permita develar parcialmente las profundidades de su recorrido disciplinar. La Geografía como ciencia debatió acerca de la región, de la cual no pudo desentenderse, y la tuvo que recrear según los tiempos y los avances tecnológicos y científicos. A continuación, en la Tabla 1.2, presentamos una reconstrucción de algunos hitos basados en la obra de Monserrat Pallarès i Barberà y Antoni F. Tulla i Pujol (2001).
Para más detalle y profundización se propone el texto completo de: Pallarès I Barberà, M. y Tulla I Pujol, A. (2001). Geografía regional. Barcelona: Ediciones de la Universitat Oberta de Catalunya.
La geografía regional, sus inicios en los estudios geográficos
La región fue una herramienta indispensable para el desarrollo occidental. A modo de metodología, permitió abordar la superficie terrestre debido a su capacidad de inventario sistemático, junto con el desarrollo de la cartografía. Para ordenar el mundo desde la mirada occidental se procedió al descubrimiento y la sistematización de regiones. Este saber le dará a la Geografía un lugar destacado entre las ciencias, dominadas por el despertar científico del campo de las disciplinas físico- naturales. Podemos sintetizar tres principales escuelas que influirán en los estudios regionales (Tabla 1.2).
| Escuela francesa | Escuela alemana | Escuela anglosajona |
|---|---|---|
|
La escuela francesa se inicia con la obra de Vidal de La Blache y los estudios monográficos. La región se comporta como un organismo con vida propia y personalidad. Soluciona el problema de la dicotomía entre los elementos físico-naturales y los elementos humanos. El método o forma de construir la región es a través de la síntesis regional. Así la región cumple un papel unificador para la Geografía. La escala de la región es variable y siempre es determinada desde la observación. La fisonomía de la región, el paisaje para su determinación es fundamental, junto con el concepto de género de vida. |
En la tradición alemana, Alfred Hettner diferencia los estudios del Landskunde, como la descripción del país, del término Landshaft, descripción que toma como referencia el paisaje. Schluter (1920) introduce el concepto de morfología del paisaje. Este último propone el análisis corológico como método. La región trata de combinar y proponer una síntesis entre las conexiones causales de los factores naturales y la actuación humana de larga duración. La Geografía es la ciencia de la diferenciación espacial. |
La geografía anglosajona reconoce la necesidad de la geografía regional. Esto se fundamenta en el complejo mosaico de áreas y regiones, cada una de las cuales posee una trama única e irrepetible, tanto de fenómenos naturales como de los creados por los humanos. La región es un organismo vivo y su base corológica es indiscutible en tanto que la Geografía es una ciencia dedicada a la diferenciación regional. Para ello, tanto la síntesis como la descripción y el análisis del conjunto son imprescindibles. Richard Hartshorne (1939) propone los principales aportes. Por otra parte, Carl Sauer (1925) pone el énfasis en el paisaje y no tanto en la región. Su enfoque es más idiográfico. |
Fuente: basado en Pallarès i Barberà y Tulla i Pujol (2001).
La región y su debacle
Los estudios regionales, avanzado el siglo XX, como estudios integrales de los lugares caen en el desinterés por su excesiva descripción. Y, por su carácter determinístico en buena parte de las explicaciones de los fenómenos observables, es puesta en duda su validez científica.
El éxito de los estudios regionales del siglo XIX-XX, que enfatizaron los criterios fisiográficos centrados básicamente en el papel de la geología, el carácter organizador de las cuencas hidrográficas o los estudios monográficos a partir de la climatología, así como el historicismo francés, destacaron el potencial natural de las regiones en tanto que comprenden los rasgos físicos determinantes del hábitat y de las formas de vida. Pero todo este saber que colocó a la Geografía en un lugar de poder político y científico se convertirá en su descrédito con el avance de la ciencia y la tecnología, que desplazaron a los detallados inventarios. Por ejemplo, frente a un desenvolvimiento incipiente de la fotografía aérea y/o a los nuevos problemas del mundo.
Alan Baker (2003) cita y retoma a John Paterson, para plantear los principales problemas de los estudios regionales que se evidencian como un hecho común entre la escuela francesa y anglosajona de mediados del siglo XX.
- El problema de la delimitación de los fenómenos no observables en el espacio.
- Los estudios no responden a la progresiva homogeneización territorial que provoca el capitalismo.
- La región única y singular, y su definición de escala o tamaño, no soportan ningún tipo de generalización.
- El olvido de los estudios locales, que son los que aportan la información para los estudios regionales.
Análisis regional y economía espacial
A pesar de la caída en desgracia de los estudios regionales tradicionales en el mundo occidental, la región adquiere nueva vigencia. Se recupera ya bien avanzado el siglo XX con diferentes preocupaciones y métodos.
La localización de hechos y procesos económicos de producción y consumo, las industrias, les presentan a los economistas y geógrafos la necesidad de estudios comparativos regionales. De manera paralela, la geografía teorética o cuantitativa desarrolla modelos basados en estadísticas y en el análisis matemático de los datos.
Las nuevas propuestas regionales se vinculan con la aparición de la dimensión regional en el marco del análisis económico. Este proceso de apariencia contradictoria enriquece y diversifica el entendimiento teórico de la región y la metodología regional. Se produce al margen de la geografía regional; surge en el marco de la economía y se desarrolla en la geografía económica de inspiración analítica.
El énfasis en la ciencia regional es para diferenciarla de sus raíces y colocar a la disciplina en la ciencia con métodos rigurosos, lógicos, con la importancia de la comprobación de las hipótesis y del análisis empírico, indispensables para alcanzar la explicación. La región se convierte en una construcción intelectual y no en un hecho dado por la naturaleza. La región tiene un carácter funcionalista, es utilizada por los enfoques de una economía positiva.
En este sentido, se pueden identificar tres tipos de preocupaciones metodológicas sobre la región:
- La región homogénea, que busca cierto grado de uniformidad con relación a uno o varios atributos.
- La región polarizada o funcional, que define ciertos tipos de interrelaciones; por ejemplo, los estudios urbanos para comprender en un sistema las relaciones asimétricas o la influencia de un nodo.
- La región plano, que está destinada a la planificación e intervención territorial.
Por lo tanto, el concepto de región geográfica se introduce cuando se tienen en cuenta las transformaciones que las personas ejercen sobre el medio, mientras que el neopositivismo de mitad del siglo XX, que adopta y adapta las ideas desarrolladas por la economía espacial, prefiere referirse a regiones funcionales.
Todos estos componentes teóricos no son excluyentes entre sí, ni tampoco olvidan los supuestos tradicionales de la clásica geografía regional. Por el contrario, se desarrollan atendiendo a la complejidad de la regionalización, a partir de criterios que clasifican y construyen unidades espaciales para su aplicación concreta.
Ortega Valcárcel, J. (2000). “Ascenso y caída de la Geografía Regional”. En Los horizontes de la geografía. Teoría de la Geografía. Barcelona: Ariel.
Del olvido a la recuperación de la región
La región, para la geografía radical, debía mantener un papel destacado en el análisis de las formas en que la producción del espacio estuviese implicada en la reproducción de las formaciones sociales. El materialismo histórico se constituye desde las relaciones dialécticas entre sociedad y naturaleza. Por lo tanto, de esto van a surgir algunas consecuencias inmediatas: el marxismo, que propone un método holístico, no puede definir un campo de estudio particular para la Geografía, al igual que para el resto de las ciencias sociales. Por otra parte, el objetivo de la geografía marxista consistirá en estudiar las formas espaciales de las estructuras que se irán configurando históricamente, a partir de la apropiación del medio, y de las cuales cada modo de producción construirá una particular organización social.
El espacio no era solo un componente teórico exclusivo de la Geografía, sino que se podía y había que integrarlo al estudio conjunto del materialismo histórico. Esto, tanto desde la teoría científica holística de la práctica humana como desde la metodología, para comprender la realidad y el capitalismo como un todo.
Las escuelas anglosajona, francesa, norteamericana –y posteriormente, en Latinoamérica – retomaron algunos puntos críticos de la teoría marxista en la Geografía y propusieron nuevas miradas regionales. A fines de 1960, el mundo cambió y las ideologías de izquierda comenzaron a criticar el orden socioeconómico imperante: desarrollo versus subdesarrollo; centro-periferia. Estos nuevos enfoques adoptaron la dialéctica socioespacial para relacionar los impactos de la producción industrial y la desigualdad económico-social como partes de una misma estructura. Se comenzó a pensar que la pobreza y la opulencia eran las dos caras de una misma moneda.
Las regiones ya no eran vistas como unidades únicas, aisladas o fragmentadas. La geografía crítica aportó nuevas relaciones entre los procesos económicos y las transformaciones sociales, como ocurrió en los estudios que se centraron en las crisis urbanas. Relaciones que no están por fuera de la estructura del capital, generando modelos de dependencia política y económica en las sociedades. La dimensión regional de la economía mundo surge como una forma crítica de comprender las lógicas de producción del espacio y su expresión territorial.
Una referente de este movimiento fue sin duda Doreen Massey (1944-2016). Esta geógrafa anglosajona se introdujo en la discusión teórica sobre la región desde su perspectiva marxista y cuestionó, con rigor académico, los supuestos instalados en la ciencia geográfica. Núria Benach y Abel Albet (2012: 96) analizan esto en el primer artículo publicado por Massey en 1964, denominado “¿En qué sentido hablamos del problema regional?”.
[…] En el texto [de Massey] se introduce uno de los conceptos más difundidos, la ‘división espacial del trabajo’, que nace como una herramienta para el análisis de la desigualdad regional. En este primer texto podemos ver cómo Massey se propone cuestionar algunos de los supuestos utilizados para abordar la problemática de las diferencias regionales. Le seguirán otras obras donde plasma la evolución de las ideas, tales como: ‘Un sentido global de lugar’ (1991); ‘Imaginar la globalización: las geometrías del poder del tiempo-espacio’ (1999); ‘La filosofía y la política de la espacialidad: algunas consideraciones’ (1999) y ‘Algunos tiempos de espacio’ (2003), por nombrar algunos.
La geografía crítica, frente a la evolución de la sociedad capitalista en relación con el cambio de posicionamiento vivido por el sistema económico, político, social y cultural, recurre a la escala planetaria para lo comprensión de las problemáticas de las diferencias regionales.
Hacia una nueva geografía regional
Sin duda la geografía humanista destaca el carácter del espacio vivido, que también contiene a las regiones, y se profundiza en los conceptos de territorialidad, identidad y pertenencia. Esto es así tanto desde la escuela anglosajona como desde la francesa.
Se cargan de nuevos sentidos el lugar y el sentido del lugar, como el concepto de topofilia de Yi-Fu Tuan, presentado en 1974 en Topophilia. A study of environmental perception, attitudes and values. "Topofilia es el lazo afectivo entre las personas y el lugar o el ambiente circundante. Difuso como concepto, vívido y concreto en cuanto experiencia personal, topofilia es el tema recurrente de este libro (Yi-Fu Tuan. 2007: 13).
La experiencia personal con el lugar adquiere significados en el análisis geográfico; el entorno y la percepción colocan sentido a nuestra forma de interactuar con el paisaje. “Topofilia” tiene su raíz etimológica en dos palabras, “topos” (lugar) y “filia” (amor a…). Este aporte hizo famoso al mencionado autor en la escuela del pensamiento geográfico llamado geografía humanista.
Aproximadamente al mismo tiempo, en Francia, el paisaje y la región son valorizados desde la identidad y la pertenencia. El paisaje de la región se podría definir como una expresión colectiva y cultural que se refleja en las diferentes interpretaciones territoriales de los habitantes. La obra de Armand Frémont, La région espace vécu (1976) propone a la región como un conjunto coherente de lugares desde una perspectiva vivencial. Este autor redescubre para la disciplina el concepto de región. El libro está fuertemente anclado en las ciencias sociales y se enfatiza el problema específico de la ciencia geográfica: el concepto de espacio social, y en particular el concepto de escala. Así, rompe definitivamente con la tradición de la geografía física y la influencia de los rasgos del medio, o con el neopositivismo lógico, ya que introduce el componente de la afectividad y la valoración de lo simbólico en la geografía regional.
También a fines del siglo XX se produce otro tipo de reconocimiento y validación de la región, que se denomina la nueva geografía regional. Esta surge como una reacción a los planteamientos positivistas, en la que también se inscriben la geografía radical y la humanista. Los numerosos problemas y limitaciones de la progresiva abstracción del tiempo y del espacio dentro de las ciencias sociales –en especial, en el momento de aplicarlos en estudios concretos– provocan una creciente concientización sobre los principales obstáculos de este posicionamiento teórico extremo. A pesar del carácter indispensable de la noción de región, poco tenía que ver ya con lo que empleaba la geografía regional “tradicional” y con sus objetivos clásicos de estudiar los lugares y las regiones como un fin en sí mismo, y de construir el marco teórico inductivamente a partir de la consideración y consiguiente generalización de los casos regionales específicos.
En otras palabras, a la hora de trazar y analizar una región, los elementos, factores y agentes seleccionados no podrían ser considerados aisladamente y en sí mismos, sino que deberían ser analizados desde una conceptualización. Al mismo tiempo, se deberían analizar los procesos dinámicos que conducen a sus estructuras presentes y al contexto espacial amplio del cual forman parte.
La diferenciación regional es, pues, el producto de un proceso dialéctico entre la influencia del espacio en el contexto social y la incidencia de la sociedad en un marco espacial. La región ya no es más un medio, sí un resultado.
En los últimos años, la globalización y la interdependencia de las diferentes escalas regionales ponen de relieve que las regiones son una construcción social y que la inestabilidad o las dificultades por marcar los límites no han de ser obstáculo para la generalización o para el desarrollo teórico, que se validan desde la metodología y la ciencia.
1.3.3. Entre la síntesis geográfica y la diferenciación espacial
La mirada del geógrafo ha permitido la reflexión sobre el mundo y su realidad compleja. Para ello, ha utilizado diversas herramientas y validaciones científicas. Por ejemplo, las nociones de síntesis geográfica y diferenciación espacial se encuentran lejos de ser antagónicas en sus propósitos; más bien provienen de diferentes soportes teóricos del objeto y de su metodología.
Estas escalas de interacción se entrelazan y diseñan una particular trama en la que el investigador está inmerso con diversos grados de acercamiento y definición del concepto de espacio geográfico, territorio, región, lugar, paisaje, escala. Estas, solo por nombrar las más destacadas categorías conceptuales del pensamiento geográfico que han estado presentes en el quehacer del geógrafo como artefactos operacionales, muchas veces acríticos.
Otro buen ejemplo de lo que intentamos decir es la idea de síntesis geográfica, tan internalizada en nuestro campo. La Geografía siempre estuvo atravesada por la relación y tensión entre lo humano y lo físico; a esto se respondió con la noción de síntesis, proporcionada en el siglo XIX mediante la formalización de la ciencia. Esta metodología le permitió alcanzar su estatus de ciencia, según los parámetros exigidos en ese contexto histórico y social. De otra manera, la investigación geográfica no hubiese logrado el reconocimiento científico.
La síntesis geográfica
Uno de los conceptos más debatidos en los anales de la geografía desde los tiempos modernos es el de la síntesis geográfica, su significado, alcance y propósito han tenido repercusiones muy diversas. Su origen se encuentra en la búsqueda de la síntesis regional por los geógrafos agrupados en torno a la escuela clásica francesa. No obstante, en corrientes anteriores es posible identificar elementos que sugieren un manejo de los contenidos teóricos, que posteriormente se denominó síntesis geográfica. En el pensamiento ratzeliano, la geografía persigue explicar la síntesis suprema de las relaciones totales de la superficie de la tierra, al igual que en Ritter, en su concepto de integridad-globalidad, se encuentran referentes; e incluso, en el siglo I, el pensamiento de Estrabón, y concretamente en su visión integradora de los fenómenos tanto físicos como humanos, es posible vincular el concepto de síntesis geográfica. Las sucesivas corrientes: geografía humana, cuantitativa, humanística, de bienestar, como producto social, postmodernista y geotecnológica (geomática), con diferentes matices, emplean en sus argumentaciones la síntesis geográfica. La geografía radical, por su parte, pone, bajo interrogación, su validez en el trabajo científico. Es en la geografía aplicada donde su arraigo es definitorio. […]
El pensamiento geográfico responde a un estadio de conocimientos vinculados al desarrollo de la ciencia en general y a las transformaciones sucesivas en las formas de producir, relacionarse socialmente y estructurar el espacio en el tiempo; ha generado distintas visiones acerca de cómo abordar esas complejas interrelaciones. La síntesis geográfica, es el método característico del proceso geográfico con el fin de desentrañar esas complejas interacciones que generan la diferenciación de la superficie terrestre. […]
El análisis geográfico incluye un conocimiento general de otras ciencias que la auxilian y permiten explicar las conexiones entre los procesos sociales y el medio físico-químico-biótico. Para ello, la geografía entra en contacto con ciencias de disímiles, asignándole una particularidad metodológica, expresada en el vasto campo donde se intercalan la observación del terreno, lectura de mapas, interpretación de aerofotos, imágenes de satélite y radar, la encuesta, los censos de población, industrial, agrícola y turístico, anuarios, información predial de catastro, crónicas históricas, balances económicos, lingüística (geotoponimia).
A ello también se agrega en otro ámbito, simulación de procesos de morfogénesis y morfodinámica, análisis de suelos, estudios del tiempo atmosférico, zonificación climática, dinámica oceánica, patrones zoogeográficos, fitogeográficos y ecogeográficos. Es decir, una compleja yuxtaposición de métodos para abordar la realidad que tiene en la síntesis geográfica un mecanismo de reunirlos para explicar los procesos que se desencadenan en el espacio geográfico. Derruau (1973: 18) entiende que la geografía es una ciencia de síntesis:
“La multiplicidad de las relaciones que vinculan el grupo humano a la tierra y a los otros grupos humanos hace que la geografía sea una ciencia de síntesis, pues ha de buscar estos vínculos en campos diferentes, que a menudo son los de ciencias diferentes. Y al mezclarse unas con otras, estas relaciones forman la combinación geográfica. El objeto de la geografía es siempre una combinación espacial. Por muy analítico que sea el punto de partida, al final siempre encontraremos la síntesis”.
Fuente: seleccionado y extraído de Aché (2010: 76, 94).
El mismo sentido en la valoración metodológica, y como objeto de la Geografía, tendrá el concepto de paisaje. Aunque sus mutaciones serán sustantivas recién a partir de mediados del siglo XX.
El esfuerzo disciplinar de fines del siglo XIX hasta avanzado el siglo XX se centró en la estrategia de la síntesis geográfica como una fortaleza que le permitía a la Geografía recuperar las potencialidades de las ciencias físicas de la Tierra y las sociales o humanas.
La síntesis geográfica se expresa en los estudios regionales y en el análisis del paisaje. Estas herramientas metodológicas se convierten en indispensables.
Como hemos visto, la región se constituyó por mucho tiempo en una categoría central en el que la síntesis adquirió relevancia y fue sin duda un motivo de discusiones metodológicas de la ciencia geográfica. Como sabemos, el concepto de región tampoco ha sido lineal, pero en sus orígenes, para la geografía regional implicó la renuncia a la formulación de las leyes. Es a esta característica de la geografía regional que Hartshorne atribuye un carácter de estudio idiográfico por tener como objeto la descripción de las regiones, a las que se considera como objetos únicos e irrepetibles, con lo cual no pueden ser explicados con leyes. En esta línea, tenemos que retomar las revalidaciones de nuestra ciencia como el excepcionalismo de Fred Schaefer (1971).
El trabajo de Fred K. Schaefer (1953), “Exceptionalism in Geography”, fue publicado en la revista Annals of the Association of American Geographers. El propósito de la obra fue poner de relieve que la Geografía debe adaptar métodos científicos y originales. Consolidó una actitud crítica ante la descripción geográfica tradicional.
Para este autor, la postura de la geografía regional y la singularidad de sus métodos “no científicos” eran enfoques erróneos. Consideraba necesario aplicar en cada situación leyes diversas que explicaran las variables esenciales del caso. Las ideas de Schaefer han sido fundamentales para el avance de la escuela cuantitativista anglosajona y escandinava, o geografía teorética.
No obstante, las críticas a estas visiones tradicionales que se centraron en la síntesis, en el paisaje y en la región fueron profusas al finalizar el siglo XX, rompiendo así el mito de la unidad de la Geografía. También pusieron en debate tanto el objeto de estudio como el componente solidario e integral de la ciencia geográfica, junto con la discusión metodológica.
Lea el siguiente texto:
“El geógrafo sitúa en primer plano de su investigación las relaciones entre la localización, la organización y la diferenciación espaciales. Ordena las estructuras organizadoras del espacio y descompone los sistemas que las rigen. En el mismo sentido que esta declaración de Olivier Dollfus, Jacqueline Beaujeu Garnier escribe que ‘el método geográfico apunta, repitámoslo, al análisis de un trozo de espacio concreto, es decir, a la búsqueda de todas las formas de relaciones y de combinaciones que pueden existir entre la totalidad de los diversos elementos en presencia’. Esta es la geografía global, la geografía, en una palabra; hay que repetir e insistir en que el trabajo por excelencia del geógrafo, es decir, la síntesis, el trabajo en que él es sí mismo plenamente como decía Vidal de la Blanche, ‘exige conocer mucho, sí, pero dominar mucho más’. Estas son las intenciones claramente expresadas. Pero ¿qué ocurre en la práctica geográfica?”.
Fuente: Reynaud (1976: s/p).
Luego responda: ¿qué sugiere el autor sobre la unidad de la disciplina en la frase anteriormente citada? Fundamente su respuesta.
En la actualidad, la Geografía es entendida como ciencia social. Esto nos proporciona otro atributo a rescatar en nuestro breve análisis: el concepto de espacio geográfico. Con la evolución de las ciencias contemporáneas se arraiga la investigación social, siendo “su principal objetivo los procesos que determinan la diferenciación espacial” (Capel, 1987 citado en Capdepón 2004: 141). Es así como el objeto de estudio se radica en el espacio geográfico.
En Geografía, junto con el arraigo metodológico en la tradicional geografía regional, el paisaje y su síntesis, existe otro denominador común que surge con la consolidación de la disciplina y que, sin importar el tiempo, siempre está presente: poner los pies en el terreno y observar. Esta práctica ha sido una materia indispensable para la tarea de los estudios geográficos; sin importar el paradigma científico, en todo momento ha sido parte sustantiva de nuestra interrelación con la realidad. Podemos encontrar múltiples modalidades metodológicas, seleccionando técnicas como las prácticas en terreno, por ejemplo, en un asentamiento marginal para identificar grados de vulnerabilidad ambiental; o podemos zambullirnos en un archivo en búsqueda de cartografía histórica para indagar sobre las formas de representación del poder sobre el territorio. Estas metodologías constituyen una forma esencial de conectarnos con la sociedad, la naturaleza y las teorías que explican las relaciones adoptadas por el cuerpo de la ciencia. El contacto con la realidad, a través del trabajo de campo y/o la observación, conforma un escenario propicio para confrontar los datos emergentes en el territorio o paisaje y dialogar con saberes teóricos validados.
Podemos avanzar afirmando que hoy, más que nunca, en su desarrollo histórico como ciencia, la Geografía es una ciencia social que ha tenido y tiene problemáticas territoriales que le exigen “la síntesis” u otras estrategias metodológicas para el análisis del espacio geográfico de la realidad social.
En estos momentos, nos estamos preguntando ¿por qué el que realiza algún tipo de investigación en Geografía debería comprender la centralidad del enfoque geográfico del que se sustentará su mirada y práctica? Silvia Santarelli y Marta Campos nos responden desde su obra Corrientes epistemológicas, metodología y práctica en Geografía:
Los estudios geográficos se enmarcan en corrientes de pensamiento que, sustentadas en los diversos enfoques filosóficos actuales, proporcionan las pautas referenciales indispensables para percibir e interpretar la realidad desde diferentes puntos de vista. Su conocimiento facilita asumir, de forma explícita o implícita, los modos de encarar las investigaciones y abordar problemas específicos en los marcos conceptuales, las técnicas y los métodos propios de cada perspectiva. De allí, la importancia que adquiere en la formación del geógrafo la comprensión de estas corrientes y su nexo con las nociones de modernidad y posmodernidad.
Esto nos lleva a un último nivel de análisis en la arena científica contemporánea y en la producción geográfica que es la cuestión epistemológica y las ideologías.
1.3.4. El para qué del conocimiento geográfico: ¿ideologías?
Es importante destacar que formular el planteo del problema en una investigación geográfica nos lleva a cuestionar lo que nosotros definimos como conocimiento científico y ciencia.
En otro nivel, tuvimos que visibilizar a grandes rasgos las confusiones que a diario surgen frente al análisis de los estudios geográficos, en relación con la necesidad imperiosa del “método universal” como un ente abstracto e inmutable. Estas pistas del problema metodológico nos permiten llegar a comprender que la metodología es un proceso central del conocimiento en la tarea de la investigación. Y que la forma de hacer la ciencia adquiere validaciones dominantes, que a su vez son de carácter abierto a otras posturas para comprender la realidad, en nuestro caso, social. Lo cierto es que estas corrientes y sus objetos como métodos no son compartimentos estancos, sino que generalmente se entrecruzan en la tarea de la investigación.
Romper modelos
Fuente: Racine (1978: s/p).
- Observe la caricatura que hemos titulado “Romper modelos” y con sus palabras describa qué intenta expresar según lo trabajado en esta unidad.
- Luego, revise su comentario e intente relacionar estas afirmaciones con la postura metodológica, el paradigma y el objeto de estudio de la ciencia geográfica que considere más pertinente.
- ¿Qué ideología dominaba a las ciencias? En otras palabras, ¿cuál era el para qué del conocimiento en Geografía?
En este espacio, incluimos la discusión de los paradigmas científicos como contenedores de las corrientes geográficas, que se enmarcan en los avances metodológicos de las ciencias sociales. Para ello, recurrimos a un condimento más: el contexto del planteo del problema. Lo que a su vez nos lleva a la cuestión de los discursos ideológicos; entendemos que estos discursos van de la mano de ideas dominantes en la ciencia. En realidad, todo conocimiento científico tiene una práctica tanto social como política.
Quizás sea oportuno comenzar con algunas ideas o mitos que trascienden el cotidiano de los estudios geográficos. En nuestra formación es habitual encontrar tanto análisis epistemológicos como metodológicos que enfatizan algunos aspectos de la disciplina y la dogmatizan, inclusive generando mitos en los que poco se profundiza. Por ejemplo, las posiciones más ortodoxas del racionalismo lógico —que como vimos se basan en modelos fácticos matemáticos para explicar los problemas territoriales— aún influyen decididamente en nuestra manera de afirmar a la Geografía como ciencia, olvidándose de los cambios epistemológicos que ocurrieron a partir de la década de 1970.
Esta condición está estrechamente ligada y forma parte constitutiva del modo en que se compromete el conocimiento geográfico. Tal como lo expresa Racine (1978), el meollo de la cuestión radica en el para qué del conocimiento geográfico, y esto involucra nuestra forma de pensar el para qué de la ciencia; en otras palabras, evidencia y visibiliza la cuestión de la ideología en la producción científica. Y esto incumbe a todas las formas de hacer geografía, ya sea la tradicional guiada por la empiria y la inducción metodológica, o las nuevas geografías sustentadas por los métodos deductivos y las técnicas cuantitativas.
En la actualidad existen puentes que permiten cruzar de orillas según la necesidad del investigador, dado que nada es doctrinario. Además, la emergencia del mundo actual requiere de un posicionamiento crítico de la ciencia y de sus propósitos.
Resulta indispensable tener en claro que las corrientes o los paradigmas y sus dicotomías históricas atravesaron nuestro lugar de disciplina científica, para echar luz a las raíces de los debates no con un sentido erudito sino didáctico. Las teorías y sus leyes universales de la ciencia son en realidad las que reflexionan sobre sí mismas.
Discurso Horacio Capel, Sociedad Geográfica Española
Auditorio de la Mutua Madrileña, 6 de abril de 2016.
- Luego de ver el video del discurso del Dr. Horacio Capel, sintetice cuál es la ideología explícita en el discurso y cómo revisa las ideologías y/o la tradición de la Sociedad Geográfica Española.
- Proponga alguna frase a modo de ejemplo sobre la reflexión que realiza acerca del saber geográfico contemporáneo.
1.4. Geografías y métodos de la investigación geográfica en el siglo XXI
De todo nuestro recorrido podemos acordar con Ortega Valcárcel (2004: 33) que:
El objeto de la Geografía son los fenómenos o procesos sociales considerados en su formulación en la esfera material, social y mental, como espacio. El espacio es el instrumento intelectual que la Geografía elabora como concepto, como herramienta formal, para explicar los fenómenos o procesos sociales, para ordenar y entender la masa de informaciones que la experiencia práctica nos proporciona en ese ámbito, en el que intervienen la producción material, las relaciones sociales, el uso de la Naturaleza, la organización de la sociedad, las mentalidades y actitudes individuales. No existe el espacio en sí. Los objetos reales, objetos de la experiencia práctica, no son el espacio, la ciudad, el suburbio, el lugar o el paisaje. El hábito intelectual acostumbra a manejar estos términos como sinónimos de objetos, como si fueran una entidad objetiva y material, como si constituyera un hecho de observación. […] Como tal el concepto o herramienta del espacio no es tangible.
Por otra parte, tal como afirma Rodolfo Bertoncello, un aporte central a fines del siglo XX fue la obra de Soja (1985):
[…] quien utiliza el término espacialidad para referirse al espacio social, también resultado de la acción social y, al mismo tiempo, instancia o parte constitutiva de esta. […] Esto último representa un avance conceptual significativo en la medida en que deja de lado la posibilidad de que el espacio sea un simple reflejo de lo social; así como la acción social transcurre en el tiempo también se despliega en el espacio, y las características que este posee inciden o participan en lo social, forman parte de lo social.
Se recomienda leer el desarrollo completo del estado del arte sobre la disciplina
elaborado por Rodolfo Bertoncello, disponible en:
http://introduccionalageografia2012.blogspot.com/2012/03/rodolfo-bertoncello-geografia.html
Lo cierto es que la geografía del siglo XXI adquiere nuevos ejes, núcleos y preocupaciones, siguiendo la marcha del cambio social y de las transformaciones de la ciencia y sus metodologías de investigación. Esto da cuenta del por qué hablamos o encontramos ideas que reflejan estas mutaciones como: giro de la geografía humana o la geografía cultural, geografía del género, geografías de la vida cotidiana, geografías de lo imaginario, geografías de prácticas religiosas, geografías de la cultura visual, entre otros múltiples giros metodológicos de la disciplina.
A continuación, solo tomamos algunos ejemplos para reflexionar sobre el objeto de la disciplina y su vinculación metodológica en el siglo XXI.
1.4.1. ¿Qué son las geografías emergentes?
La geografía crítica ha basado su principal preocupación en los problemas espaciales, enfocando su núcleo de interés en las prácticas generadas por el capitalismo y el rol del Estado como principal actor de ese proceso.
Recientemente aparecieron en la agenda de los geógrafos preocupaciones por analizar problemas espaciales que surgen al margen de esa relación capital-Estado. Este nuevo campo epistemológico de la Geografía pone el foco en las representaciones espaciales producto de desigualdades no solo económicas sino de género, raza, edad, etc.; y con ello la construcción de nuevos caminos metodológicos. Resulta necesario tener en cuenta que los problemas de análisis geográfico se visibilizan con el conflicto, y que adquieren una dinámica emergente y de emergencia. Por ese motivo, existen grupos de investigación que intentan dar respuesta a este desafío. Por ejemplo, las geografías emergentes.
Geografías Emergentes, grupo de investigación
El grupo está dirigido por la Dra. Mariana Arzeno y tiene por objetivos analizar las formas de organización y las prácticas sociales y espaciales que surgen y se desenvuelven en ámbitos o situaciones conflictivas, que pueden ser concebidos como los márgenes del Estado y/o del capitalismo.
El estudio de la actuaciones, prácticas y representaciones espaciales de los sectores sociales que se encuentran afectados por distintas formas de sujeción y/o desigualdad (por condiciones de clase, género, raza, etc.), así como las formas de contestación e interacción de dichos sectores con las prácticas estatales y/o del capital, puede realizar interesantes contribuciones de carácter conceptual y metodológico. Geografías Emergentes alude tanto a los procesos socioespaciales que surgen y se recrean en esos márgenes, como a las perspectivas geográficas que se proponen y se construyen para abordarlos críticamente.
Entrevista a Mariana Arzeno, directora de Geografías Emergentes.
¿En qué universidad estudió? ¿En qué año se recibió?
Universidad de Buenos Aires, 1997.
¿Por qué eligió la carrera? Hoy, ¿la elegiría de nuevo?
La elección fue más intuitiva que otra cosa. Me gustaba conocer lugares, me llamaba la atención cuando viajaba la distinta manera en que se organizaban los lugares, los paisajes. Lo que encontré más parecido a eso fue la materia Geografía de la escuela secundaria y por eso llegué a Geografía en la Universidad de Buenos Aires. La carrera que cursé me dio muchas herramientas de análisis que me permitieron convertir aquellas intuiciones e intereses iniciales en objeto de estudio e investigación y abrir muchas más líneas de análisis vinculadas a la dimensión espacial de los procesos sociales. Por todo esto la elegiría de nuevo.
¿Cuál diría que es su campo de trabajo? ¿Y qué geografía realiza?
Mi campo de trabajo es la investigación científica y la docencia universitaria. Diría que trabajo una geografía política en sentido amplio, que se interesa por conocer los procesos de tensión entre diferentes grupos sociales, entre estos y el Estado, que emergen en torno al acceso, apropiación y uso del espacio. Procesos que visibilizan las inequidades socioespaciales existentes, pero también las resistencias y alternativas que surgen para superarlas. Específicamente en mis estudios he trabajado en distintos lugares del norte argentino sobre espacialidad de las resistencias campesinas, conflictos de tierras, disputas locales en torno a la implementación de políticas para el sector campesino y en torno al ordenamiento territorial. Más recientemente estoy estudiando la espacialidad que adquieren los procesos políticos y las resistencias socioorganizativas en torno a la producción y el consumo de alimentos, lo cual incluye observar la promoción de la producción de alimentos en ciertos lugares, como elemento que suma a las reivindicaciones campesinas en torno a la tierra, las redes de actores y lugares a través de los cuales esos alimentos viajan y se difunden, y los espacios de consumo que se crean en las ciudades como visibilización de esas resistencias.
¿Investiga para llevar a cabo su trabajo? ¿Qué herramientas le brinda su formación para afrontar su desarrollo profesional?
Mi trabajo es la investigación en geografía. Mi formación académica me brindó herramientas básicas fundamentales para el desarrollo de mi profesión, entre ellas, elementos teóricos y metodológicos propios del campo de la Geografía y de las ciencias sociales en general. Esto a su vez fue fundamental para desarrollar la capacidad de formular preguntas o problematizar los temas de indagación desde la dimensión espacial (pensar los temas en clave geográfica) porque entiendo que es una dimensión clave. Mi formación de posgrado obviamente me ayudó a profundizar todos esos conocimientos y prácticas, pero la carrera de grado sentó esas bases.
1.4.2. Geografía y cultura visual: ¿nuevos métodos?
Otro campo que ha recuperado no solo visibilidad social sino académica es la dimensión visual y de representación en la Geografía.
La Geografía ha utilizado imágenes históricamente como parte de su argumentación científica. Verónica Hollman (2013) analiza el uso de las imágenes en la tradición geográfica. La autora sostiene que antes de 1890 las imágenes que aparecían en los libros de geografía eran los mapas; después de esta fecha comienzan a incluirse imágenes pictóricas. Recién en las primeras décadas del siglo XX –gracias a las innovaciones técnicas y de impresión–, la disciplina incluyó fotografías como parte de su argumentación en los libros de geografía. Dicho por la autora, la imagen se consolida como acceso al conocimiento geográfico (Hollman, 2013). La Figura 1.6 pretende sistematizar la tradición de la imagen en la disciplina.
La imagen en la tradición geográfica
Fuente: elaborado por Mazzitelli a partir de Hollman (2013).
Sin embargo, a pesar de que la Geografía ha utilizado imágenes a lo largo de su tradición, estas eran ilustraciones que apoyaban (y en muchos casos negaban) la afirmación del texto. Verónica Hollman y Carla Lois (2015) sostienen que solo recientemente la Geografía ha comenzado a reflexionar sobre la potencia de las imágenes y el carácter visual de la disciplina. Y, de esta manera, ha iniciado la revisión de la metodología en la disciplina. Esta preocupación por el estatuto de las imágenes no se ha presentado solo en Geografía, sino que abarcó a diferentes ciencias sociales, y se dio a conocer como giro visual.
El giro visual nos convoca a pensar la relación ver/mirar y a sostener que mirar no es natural, que aprendemos a mirar en la escuela, pero también en otras instancias como el museo, la televisión, etc. Tenemos una mirada construida social y culturalmente. Así, a los estudios más tradicionales sobre la imagen, que se centraban en analizar el modo de producción y de circulación de las imágenes, se les agrega, a partir del giro visual, un análisis sobre los modos de mirar esas imágenes.
Veamos la propuesta metodológica para el trabajo con imágenes que realiza Hollman (2014: 62).
“Ya hace una década que el giro visual viene despertando en la geografía un creciente interés por las imágenes y los modos de mirarlas (construidos desde la disciplina o desde sus márgenes). Si en este tiempo se ha afirmado el consenso acerca del carácter visual de la geografía –de su tradición y sus prácticas– todavía merecen mayor reflexión los desafíos metodológicos que este giro abre. Nos referimos a interrogantes poco explorados (y aún no resueltos) en torno a las estrategias metodológicas más apropiadas para aproximarnos, por un lado, al análisis de las imágenes, desde su propio código visual, en sus pliegues y su complejidad; por otro lado, a los modos de mirar las imágenes geográficas y, sobre todo, a su impacto en la configuración de los imaginarios geográficos y de una memoria geográfica.
La aproximación a lo visual en la disciplina ha tendido a considerar el contexto de las imágenes como una información secundaria más que como protagonista en la definición de sus sentidos. Sin embargo, las imágenes comunican en relación con otras imágenes, con el texto en el cual están inscriptas y con el soporte seleccionado para que nos acerquemos a ellas. Proponemos, entonces, reconstruir y entender los sentidos que asumen los registros visuales a través del análisis del contexto en tres dimensiones: soporte, entorno lingüístico y montaje.
El contexto como soporte se refiere a los entornos que en su materialidad actúan como soporte físico de las imágenes: libros, revistas, exposiciones, sitios de Internet, redes sociales, publicidades, cuadernos, muros, entre tantos otros. El entorno físico impone ciertas condiciones en la producción de la imagen y en el acto de mirarlas. El soporte, al delinear el pacto de comunicación entre la imagen y su audiencia, define el estatus y la verosimilitud de los registros visuales.
Una segunda dimensión del contexto alude al entorno lingüístico que acompaña una imagen. Compuesto por todos los paratextos que rodean la imagen, el entorno lingüístico ofrece las coordenadas para la interpretación del registro visual propiamente dicho y de los modos de mirar que se promueven.
Otra dimensión del contexto atañe al orden de composición: cada imagen forma parte de un entramado de palabras y de otras imágenes que podríamos pensar como un montaje que “enlaza y entreteje” un discurso. Cada montaje de las imágenes (y de las palabras aliadas) resulta en discursos visuales y modos de mirar particulares.
Para discutir este itinerario metodológico nos valdremos de un conjunto de imágenes que forman parte de los discursos ambientales en Argentina. Sostendremos que es el contexto, en las tres dimensiones analíticas propuestas, el que hace que determinado registro visual se convierta en una imagen ambiental”.
Por su parte Gillian Rose, en su clásico libro Visual Methodologies (2001) da algunas pistas que nos ayudan a realizar una investigación desde y con imágenes. La autora las divide en tres grandes grupos:
- Cuestiones sobre la producción de las imágenes.
- Cuestiones sobre la imagen.
- Cuestiones sobre la audiencia de la imagen.
La imagen en los incendios en Amazonas
Dra. Malena Mazzitelli Mastricchio
Siguiendo con las ideas de las geógrafas mencionadas, podemos dar una visión diferente de la frase popular “una imagen habla más que mil palabras”, ya que una imagen adquiere significado cuando la colocamos en su contexto, la ponemos en relación con el texto que la acompaña, y en relación también con otras imágenes y con la manera en que se mira esa imagen.
- Vea la exposición de la Dra. Mazzitelli, y sintetice de qué modo la autora plantea el uso de las imágenes para el caso del incendio del Amazonas. ¿A qué metodología recurre?
- Elabore un listado de los interrogantes que hacen al análisis crítico del caso expuesto.
Para concluir, podemos afirmar que no existe una verdad metodológica en Geografía, sino que es un camino hacia una verdad provisoria. Todos los esfuerzos de geógrafos anglosajones, franceses, españoles y latinoamericanos han apuntado con rigurosidad científica caminos posibles: no existe ni buena ni mala geografía. Lo que nos rodea es una verdadera preocupación por los conflictos sociales, las inequidades socioterritoriales y ambientales, cuestiones sobre las que, a diario, la mirada del geógrafo debe estar atenta. Para ello, recurrirá a diversas estrategias, métodos y herramientas conceptuales provenientes de un largo y exhaustivo trabajo colectivo llamado ciencia.
La importancia de los diálogos entre metodología y ciencia es que constituyen nuestro marco de referencia para interactuar con el mundo. En nuestra investigación se traducirá en el marco teórico, estrechamente vinculado con el planteo del problema.
Geógrafas del siglo XXI, construyendo caminos
- Observe los siguientes videos, que contienen contribuciones de geógrafas argentinas y referentes internacionales.
- Realice un cuadro síntesis: objeto de la entrevista/conferencia; qué tipo de geografía construyen en el campo científico.
- Finalmente, sintetice las preocupaciones metodológicas de las geógrafas en su visión de la realidad social.
Entrevista a la Dra. Elena Chiozza (HC), por Luis Humacata, 2010. GECLU-INIGEO-UNLU
Fuente: GLECU INIGEO (14/12/2019). Entrevista Elena Chiozza. [Archivo de Vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=SaQ0kRiiglY
Entrevista a la Dra. María Dolors García-Ramón, “Una nueva mirada a las narrativas viajeras”, UNAM, 2015.
Participación de la Dra. Doreen Massey, profesora emérita de Geografía (Reino Unido), en Debates y Combates, “Los significados de la multiplicidad”, Ministerio de Cultura de la Nación Argentina, 2012.
Entrevista a la Dra. Diana Lan, coordinadora de la Cátedra Libre “Género, Sexualidades y Violencia” (UNICEN), UNQtv, 2019.
Entrevista a la Dra. Ana Fani Alessandri Carlos, coordenadora do GESP - Grupo de Estudos sobre São Paulo do Departamento de Geografia USP, por el Dr. Vivienda, “El derecho a la ciudad”, Instituto Mora, 2018.
Presentación de la Dra. Carla Lois, “Mapas de lo invisible”, México, 2015.
Entrevista a la Dra. Claudia Natenzon, directora del Diploma Superior en Conflictos Ambientales y Planificación Participativa (Flacso), Diálogos, Dirección de Comunicación de la UNL, 2015.
Con esta unidad como preámbulo, a continuación, trabajaremos sobre las etapas o fases necesarias –y generalmente utilizadas– en el momento de elaborar el propio proyecto de investigación.