Introducción
En este material didáctico multimedia (MDM) nos centraremos en revisar los fundamentos y competencias básicas de carácter metodológico capaces de introducirnos en la investigación y haremos foco en las problemáticas de la realidad social abordadas desde la Geografía. Pretendemos delinear enfoques y herramientas metodológicos que puedan utilizarse en los trayectos de investigación. Quizás parezca una osada pretensión, pero en realidad es un grato desafío repensar colectivamente un camino que fortalezca o promueva destrezas para la producción de conocimiento autónomo, con una metodología que se encuentre validada desde la disciplina. Esto conlleva el hecho de prescindir de una exhaustiva revisión bibliográfica acerca de formulaciones teóricas o empíricas en las metodologías científicas en general, ya que el espacio y el tiempo son acotados para esta experiencia formativa. Más bien nos interesa proponerles un camino alternativo e introductorio. Algo así como un recorrido inicial en el campo de las metodologías relativas al problema geográfico. En este forzoso recorte de ideas esperamos acercarles una formación elemental, de la que puedan echar mano en sus futuras investigaciones. Una guía básica que les permita acceder a una práctica rigurosa en la producción de conocimiento geográfico desde los lugares profesionales, así como también un primer reconocimiento organizado de las diversas fuentes y formas de comunicación científica que podrían ser de utilidad en la tarea del geógrafo.
Las funciones que puede realizar un licenciado en Geografía se agrupan en tres grandes campos de actividad: la docencia, la gestión y la investigación. Cada una de estas esferas profesionales, a su vez, puede dividirse en otros grupos menores. Por ejemplo, un geógrafo que se dedica a la docencia puede ejercer en la escuela secundaria o en alguna institución superior como terciarios o universitarios, e inclusive tener funciones directivas en instituciones educativas. Los geógrafos dedicados a la gestión pueden trabajar temas de planificación urbana o territorial, o ejercer como especialistas en el Servicio Geológico Minero Argentino o en otra institución pública o privada, desarrollando actividades como el manejo técnico de interpretación de las imágenes satelitales. Los que optan por la investigación pueden estudiar los más variados temas: ambientales, urbanos; cartográficos, desde la geotecnología o desde la cartografía histórica; teórico-epistemológicos; relacionados con el turismo, etc., como carrera académica en instituciones oficiales.
Sin embargo, a pesar de estas ramificaciones de la profesión, en todas hay un tipo de investigación dada la complejidad de nuestra realidad social y territorial. Por ello, Metodología de la investigación social tiene la intención de explorar algunos aspectos que requerimos para descifrar al espacio geográfico y sus mutaciones, es decir, cómo llevar a cabo una investigación. ¿Qué quiere decir investigar? En palabras sencillas, investigar implica plantear una problemática, desde un abordaje geográfico, que se traducirá en objetivos e hipótesis, para llegar a dar alguna respuesta o formular nuevas preguntas que interpelen el territorio.
En cierta forma, el trabajo del investigador tiene algo de oficio, ya que se aprende de la mano de otro investigador, en el mejor de los casos, o de manera autónoma. En otras palabras, a investigar se aprende investigando. La investigación no es un artefacto intelectual externo a modo de recetario o una acción participativa irreflexiva en busca de datos o evidencias, sino justamente lo contrario: es un proceso intencional que parte de saberes formalizados y de experiencias personales que interpelan nuestra realidad desde su problematización. Investigar es una forma de conocimiento que en nuestro campo disciplinar se caracteriza desde sus inicios por el análisis geográfico de la realidad y está sustentada en algunas categorías elementales y conocidas: espacio, territorio, paisaje, región, escala y lugar. Estas categorías adquieren relevancia para nuestro posicionamiento respecto del mundo presente. Por lo demás, el proceso de investigación no difiere de lo conocido en las ciencias sociales: plantear el cómo resolver los objetivos y verificar-validar o comprobar hipótesis. Para ello, los métodos y las técnicas, como instrumentos, adquieren un papel central en el proceso.
En este sentido, nos proponemos marcar algunas pautas importantes que están presentes en el quehacer geográfico. Antes de empezar con la propuesta nos gustaría aclarar algunas cuestiones básicas, pero de suma importancia.
En primer lugar, hay que saber que para encarar un trabajo de investigación es fundamental que el tema genere curiosidad en el investigador/geógrafo; sin esta, el trabajo está condenado al fracaso. Esto significa que no se debe elegir el tema por lo “fácil” o “rápido” que pueda resultar investigarlo. Lo fácil o rápido está relacionado con el entusiasmo, la curiosidad y la claridad con que formule su objetivo.
El segundo aspecto importante que se debe tener en cuenta es la factibilidad del trabajo, es decir, las posibilidades concretas de llevar a cabo una investigación. Si usted es residente del partido de Quilmes, lo mejor sería que realice un trabajo en donde sea posible y de fácil acceso recoger información –por caso, la expansión urbana de la pobreza en el partido de Quilmes de los últimos diez años–, y no que pretenda estudiar la población de la ciudad de Resistencia, Chaco. Lo mismo a la inversa. O si usted viviera, por ejemplo, en Gobernador Echague, provincia de Entre Ríos –donde podría estudiar problemas en ese territorio, como el cambio en la población generado por el cierre del ferrocarril–, sería conveniente que no se propusiera estudiar cambios territoriales en la provincia del Chubut. Lo que intentamos decir es que la elección del recorte territorial del problema implica evaluar con qué información contamos y si tenemos posibilidad de acceder a los datos.
Una vez consideradas estas cuestiones, lo primero que deberíamos determinar es dentro de qué mirada o rama de la geografía haremos nuestro trabajo: problema y riesgo ambiental; problemáticas rurales o de movilidad territorial; geografía de los cuerpos y conflictos de género; epistemología de la enseñanza escolar de la geografía, historia del pensamiento geográfico y representaciones cartográficas; geografía del consumo o de la circulación, o del análisis espacial multivariado aplicado en la escala regional o urbana; y el listado podría continuar con innumerables experiencias contemporáneas. Este material pretende hacernos pensar en la investigación desde el carácter geográfico, pero de tal modo que nos conecte con la realidad social y que nos provoque, al mismo tiempo, el desafío de su análisis. Por lo comentado, queda claro que este material no intenta ser un manual de metodología de las ciencias sociales. Los métodos científicos para el análisis del espacio o del territorio recurren a muchas técnicas cualitativas y cuantitativas que son comunes a varias disciplinas del campo social o de las ciencias físicas, naturales y exactas, estas últimas llamadas también “ciencias duras”. El problema y el tipo de abordaje ideológico (tanto del recorte epistémico como de nuestra subjetividad) son los que nos llevarán al camino metodológico que seguiremos y a la elección de las técnicas específicas que demande ese análisis geográfico.
El propósito de esta asignatura es presentar los primeros pasos formativos en la metodología de investigación, identificando herramientas que hacen a la propia definición del proyecto. Por esto, comenzaremos con cuestiones generales que deben abordarse en todas las investigaciones, independientemente de la rama de la geografía en la cual se enmarque la investigación, y luego nos focalizaremos en algunos aspectos metodológicos concretos. Finalmente, recorreremos algunas de las técnicas utilizadas con más frecuencia. La intención es lograr una ejercitación para que el estudiante, en un contexto de investigación, se apropie de algunos saberes conceptuales y geotécnicos desarrollados a lo largo de la carrera.
Problemática del campo
Los ritmos y desafíos de nuestra sociedad contemporánea nos convocan a repensar y definir el objeto de la ciencia en general y, en particular, a debatir sobre nuestro campo del quehacer geográfico. Desde el siglo XVIII, con la formalización de la ciencia y la aceleración del capitalismo mundial –del que hoy somos parte–, se plantea la necesidad de definir su objeto de estudio y su metodología para que ese conocimiento cumpla las condiciones de científico. Nos encontramos con procesos espaciales multiescalares en un presente que se sustenta en multiterritorios, en sus diversas formas de apropiación, como nadie pudo imaginarse en el siglo pasado. El avance y los cambios tecnológicos mutan la faz de la Tierra y su atmósfera. Cambio climático, migraciones, transgénicos y monocultivos, guerras por el petróleo o el agua, intolerancia religiosa y cultural, crecimiento de la pobreza urbana insostenible, son temas de las noticias que nos proporcionan a diario los medios de comunicación.
Estos cambios tecnológicos repercuten en la organización del espacio geográfico, en el territorio y, por ende, en la sociedad. Los mecanismos dinámicos del mercado y el poder económico-financiero promueven un consumo de bienes que pareciera ilimitado e indispensable, consumo que demanda el abastecimiento de recursos estratégicos. Un claro ejemplo es la puesta en valor del litio, valoración económica no sustentable que traza consigo nuevos ejes y circuitos de explotación en áreas hasta hace poco marginales. Minerales estratégicos que se ponen al servicio de la matriz industrial de capital oriental u occidental. Como si fuese poco el saqueo, estas valoraciones territoriales de los recursos desencadenan en la escala global nuevas tensiones comerciales entre los titanes de la globalización económica. Por otra parte, estos cambios repercuten en el conocimiento y se impone una búsqueda incansable de nuevas respuestas científicas, empujadas por la ilusión de una mayor rentabilidad al servicio de los procesos de acumulación vigentes o para subsanar las repercusiones negativas de la irreflexiva intervención técnica tanto sobre la sociedad como sobre esta irreverente y amenazante naturaleza construida. De esto se desprende que no podemos quedarnos con los principios científicos del siglo XIX para estar a la altura de los conflictos del mundo presente.
No debemos olvidar que toda ciencia tiene como fin último la búsqueda del conocimiento en su campo de estudio. Esto va de la mano con otra idea: cómo vamos a elegir el procedimiento que logre aprehender su contenido y, por consiguiente, determinar la trayectoria de la investigación, así como la utilización de técnicas de análisis pertinentes. El proceso de construcción de la ciencia no ha sido lineal, y tampoco es producto de un simple proceso evolutivo. La ciencia se enmarca en la sociedad y en sus transformaciones de validación científica; ambos aspectos son parte de los cambios históricos que modelan nuestras formas de definir el mundo. En este sentido, la Geografía ha mutado y se ha abierto a diversas problemáticas, sin perder su identidad, acorde con los desafíos del presente social. Su papel en el conocimiento científico es protagónico dado que sus saberes no solo permiten comprender la complejidad del mundo presente a través de las síntesis que refleja la organización del territorio, sino que, a su vez, da herramientas para la prospección-proyección de procesos espaciales que se materializan en el lugar y en lo global.
De la investigación clásica o tradicional de las descripciones del siglo XIX, más asociada a las necesidades de la expansión colonial y a la consolidación de los Estados; o bajo el auge de los modelos de ciencia aplicada del siglo XX, la Geografía se ha preocupado por desarrollar conocimiento científico. Saberes que desde sus inicios como disciplina han tenido protagonismo en diversas utilizaciones, tanto ideológicas como económicas. En la actualidad, a pesar de que su posición frente a la realidad social es otra, la investigación continúa recuperando abordajes del análisis geográfico, aunque con diferentes intencionalidades y preocupaciones.
Estos trabajos buscan que la geografía adopte una actitud de compromiso con la sociedad en la cual se inserta, lo que la expone, de manera simultánea, al mismo tipo de críticas y ataques que sufren con frecuencia otras ciencias sociales con mayor historial de análisis de conflictos. Uno de los aspectos más interesantes de este nuevo rol de la geografía es que si se analiza cómo se describen e interpretan estos conflictos, entran en juego los elementos clásicos en el análisis geográfico, y posiblemente es en el campo de los de tipo socioambiental en los que esto es más evidente. El análisis de los conflictos socioambientales (que abordan las tensiones generadas entre la sociedad y su ambiente) necesariamente incluye, juntos o separados, por lo menos dos elementos básicos y, podríamos decir, “clásicos” de la geografía: escala y territorio. Los dos han tenido un recorrido distinto respecto a su pertenencia al aparato conceptual de la disciplina (Reboratti, 2019: 2).
Esto nos obliga a comprender que de la forma en que construyamos nuestra ciencia dependerá una determinada relación con el método. Mercedes Molina Ibáñez desarrolla el concepto de método argumental, que no es más que una propuesta para entender el papel de los métodos que acompañaron los avances de la investigación geográfica y su actual práctica. De allí que el método, en Geografía:
[…] no es otra cosa que el modo de argumentar unas premisas según una lógica, para llegar a unas conclusiones que nos permitan comprender el fenómeno que se estudia […] Anuchin señala: ‘si la técnica no guarda la debida relación con la metodología geográfica no pasará de ser un cuerpo extraño que estorbará, sin duda, con sus abstracciones y símbolos innecesarios, el proceso de percepción geográfica’ (1975). Así entendido, el método argumental depende directamente del objeto que defina a la ciencia, a través del cual va a conseguir su individualidad. Este planteamiento no ha sido aceptado por algunos geógrafos que querían ver el «ser» de la geografía en la aplicación de unos principios metodológicos y no precisamente en la definición de su objeto. […] El geógrafo sigue buscando lo más idóneo para llegar a captar la realidad espacial y por consiguiente enfocar su investigación a un fin aplicativo […] Sus enfoques, sus métodos son diversos, pero quizá en esa diversidad radique su dinamismo actual, que puede desembocar en planteamientos más unitarios, donde se combine lo mejor de cada corriente conceptual y metodológica, con objeto de hacer no sólo una ciencia del conocimiento, sino una auténtica ciencia aplicada. La sociedad lo necesita. Si hay una visión del mundo, esta visión implica su devenir (Molina Ibáñez, 1987: 61).
El campo de la producción científica requiere un uso responsable de sus procesos y resultados, bajo una cuidadosa vigilancia tanto epistemológica como metodológica que nos permita posicionarnos conscientemente en nuestra tarea y en la práctica de la investigación. Por otra parte, es fundamental comprender los aportes de la triangulación metodológica frente al problema de análisis de las ciencias sociales, rompiendo con la frontera entre lo inductivo y lo deductivo. Buenas noticias: no existe un único y verdadero método.
Reflexiones sobre el aprendizaje de la asignatura en el entorno virtual
El desafío de romper con pautas pedagógicas irreflexivas es la principal meta de esta propuesta en entorno virtual. Encontrar y gestionar nuestro propio modelo de interacción resulta indispensable para no caer en repeticiones memorísticas de algunos contenidos o competencias relacionadas con las diversas recetas metodológicas. Partimos de algunas consideraciones que hacen a nuestra asignatura virtual.
En nuestro reciente mundo digital se han producido cambios sustantivos a la hora de acceder al conocimiento y producirlo. Existen innumerables posibilidades técnicas, de ideas, de experiencias, de métodos, de resultados, de descripciones, de información. Esta dinámica de la información exige como nunca un compromiso ético y honestidad intelectual en su apropiación.
En este contexto de acceso a la información, por un lado, corremos el peligro de caer en la banalización del dato o de la información, cuyo rigor no siempre es comprobable en las redes sociales o en seudorrepositorios. Por otro lado, tenemos al alcance del investigador técnicas y softwares que permiten analizar datos de una manera eficiente y en poco tiempo. De hecho, el acceso a los datos de recogida oficial o de otras fuentes reconocidas está disponible desde cualquier computadora personal. Con ello también accedemos a la cartografía temática: el software o los modelos gratuitos para la confección y el tratamiento de datos son cada vez más frecuentes, por ejemplo, programas básicos para elaborar un mapa conceptual o una pirámide de población.
La realidad virtualizada nos brinda un arsenal de posibilidades que promueven el trabajo del investigador, porque le permiten acceder a fuentes de datos que hasta hace una década eran impensables. La velocidad de los cambios en la tecnología prácticamente nos obliga a mediar con ellas casi en forma compulsiva. El peligro es, justamente, perdernos en el bosque…
De hecho, la búsqueda de documentos digitales de antecedentes, revistas científicas o tesis se hace imposible sin un claro criterio de selección temática y territorial. A diferencia de otros tiempos de la humanidad, lo que nos sobra es información. Información que proviene de diferentes fuentes y tiene distintos formatos según se haya extraído mediante técnicas cualitativas o cuantitativas. Y es necesario que tengamos la capacidad de identificar la rigurosidad de la fuente, el dato y el grado de representación de los resultados antes de considerarla para su uso.
Esta asignatura tiene el compromiso de expresar los riesgos y las ventajas de este mundo digital para el investigador. Quedaron obsoletas las discusiones del siglo XX sobre si la Geografía era o no ciencia debido a la desgracia de sustentarse en el método idiográfico (es decir, que describe el hecho singular o único), lo que no le permitía compartir el estatus de otras ciencias que podían formular leyes, a modo de las ciencias nomotéticas. Esto le otorgó un lugar de privilegio a la geografía cuantitativa, que salió al rescate de la disciplina para su validación científica. Pero estas discusiones metodológicas que debatían su objeto desaparecieron en las neblinas del boom tecnológico. Si bien fueron un increíble avance las revoluciones científicas de Thomas Kuhn, enmarcados en los paradigmas científicos de los tiempos presentes es necesario adecuar los aportes kunhianos desde otro lugar teórico-empírico. Parecería que la realidad está fragmentada en múltiples saberes, y esto rompe con el modelo de los paradigmas, que se pensaban como entidades cerradas o aisladas.
Hoy iniciamos caminos que permiten integrar el conocimiento. Así, vivimos procesos geográficos para los cuales definimos nuevos conceptos, o bien tomamos conceptos tradicionales resignificados a la luz de aportes teóricos críticos. Estas valoraciones o giros teóricos nos proporcionan conceptos operacionales necesarios para enfrentar la tarea de indagación, siendo cada vez más frecuente la propia revisión y adecuación. Recurrir a la región, al lugar o al territorio como categorías analíticas es moneda corriente, lo que ocurre no solo en la Geografía, sino también en las ciencias sociales en general.
Los programas, los modelos y el proceso de e-learning en los aprendizajes son un avance indiscutible, aunque no pueden dejar de lado las características particulares de las ciencias sociales y, en particular, de la Geografía. Y esto es así porque sin el conocimiento son una cáscara vacía. Esta oportunidad de aprendizaje virtual nos permite revisar las raíces de los principios decimonónicos de las ciencias que ofrecían leyes ciertas y la verdad universal. Certezas que no son tales en la producción del conocimiento, que está atravesado por la incertidumbre en tiempos y espacios líquidos, parafraseando a Zygmunt Bauman.
Debemos ser los protagonistas en la construcción de ideas o modelos, y retomar los contextos que nos permiten las tecnologías de la información y comunicación (TIC) para sumar aportes renovados del saber geográfico y/o superarlos. Peter Haggett y Richard Chorley (1971: 11) consideran que “un modelo puede ser una teoría, o una ley, o una hipótesis, o una idea estructurada. Puede ser una función, una relación, o una ecuación. Puede ser una síntesis de datos. Lo más importante, desde el punto de vista de la Geografía, es que, bien desarrollados en el espacio (modelos espaciales), o bien, desarrollados en el tiempo (modelos temporales), su aplicación puede extenderse al razonamiento sobre el mundo real”. El modelo real somos nosotros.
Este modelo de plataforma que compartimos en el Campus Virtual nos plantea una estructura que mediatiza o media los componentes elementales de la formación del estudiante, pero es inacabada. La interrelación y el intercambio entre nosotros completan el modelo y le dan un propósito. Así que la dinámica que resulte entre la propuesta de la asignatura, el estudiante, el docente y el aula hará posible las condiciones para una construcción individual y colectiva del aprendizaje en el entorno virtual. De esta manera el desafío queda planteado: ¡manos a la obra!
Objetivos de este material
- Indagar y reconocer los principales aspectos relacionados con el diseño de la investigación social y, en particular, con el campo específico de la Geografía.
- Identificar y caracterizar algunos de los problemas metodológicos referidos al proceso de producción y construcción del conocimiento geográfico.
- Introducir herramientas para el diseño de la investigación desde el campo social.
- Comprender la investigación como un proceso que permite la delimitación de un problema, la elaboración de los objetivos y el método, así como la elección de técnicas para la construcción de información.
- Reconocer y fundamentar el uso de las técnicas necesarias para el análisis de problemáticas territoriales.
- Proporcionar procedimientos básicos para realizar el tratamiento primario de la información.
- Adquirir competencias para evaluar los criterios de selección que han aplicado las fuentes de datos para obtener la información mediante técnicas cualitativas o cuantitativas.
- Distinguir y seleccionar el uso de diversas formas de expresión científica según los criterios de comunicación para difundir o intercambiar resultados de investigación en Geografía.
- Promover la reflexión sobre los trayectos metodológicos en la construcción y producción del conocimiento geográfico frente a la complejidad social contemporánea.
Mapa conceptual / Diagrama de contenidos