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3. Escribir en la universidad

3.1. La escritura académica como proceso: planificación, borrador, revisión y mejora de textos

La escritura constituye una práctica social y cultural. En el ámbito académico –tal como lo sugiere una voluminosa bibliografía–, la escritura es el medio por excelencia para el desarrollo de los procesos de enseñanza y aprendizaje. En este sentido, las prácticas de escritura propias de cada disciplina serán claves en la promoción del pensamiento crítico y reflexivo de las y los estudiantes en su formación.

Pensar en la escritura como una práctica implica también pensar en su construcción en cuanto proceso. Con la finalidad de realizar un breve recorrido por el proceso de escritura en el ámbito académico, se presentan a continuación los distintos momentos que lo componen.

3.1.1. El big bang: la idea

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¿Qué es eso de tener una idea en el cine? Si se hace cine, o si se quiere hacer cine, ¿qué es tener una idea? Entonces decimos: ‘Anda, tengo una idea’, porque, por una parte, todas y todos sabemos que tener una idea es un acontecimiento raro, ocurre muy pocas veces. Tener una idea es como una fiesta.

(Deleuze et al., 2024)


Así comenzó Gilles Deleuze (París, 1925-1995) su conferencia en la FEMIS, Escuela Superior de Artes y Oficios, un 17 de marzo de 1987. Entonces, y por qué no, como una forma de homenaje al gran pensador francés, también podemos comenzar de esta manera.

La reflexión antepuesta oficia de salvoconducto para instalar la consideración de cómo presentar esa “idea”; esas ideas que, en la vida de cualquier ser humano, pueden convertirse con frecuencia en texto escrito: algo así como la manera de traducir, en la forma más fidedigna posible, la perspectiva de lo “verdadero” que habita en una mente. Se puede afirmar, entonces, que toda práctica escrita nace de una idea. Y en el ámbito académico la representación objetiva que implica este trabajo –el de escribir– debe pretender, a toda costa, ofrecer testimonio de veracidad. O al menos rastrearla.

Ocurre que la palabra, como objeto en sí mismo, tiene sus límites, y esos mismos límites son los que quebrantan la aspiración de expresar la idea primigenia y auténtica. Desde ya, este no es un tema menor, pero resulta imposible desarrollarlo aquí y ahora dado que, dentro del campo de las ideas, distintas corrientes del saber, como la gnoseología, la teoría del conocimiento o la lingüística, se identifican con diversas respuestas.

Respecto a esta génesis del objeto, completa el autor:

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Y, por otra parte, tener una idea, no es algo general, no se tiene una idea general, una idea ya está consagrada, así como el que tiene la idea, ya es de tal autor, de tal ámbito. Quiero decir, una idea puede ser a veces una idea en pintura, a veces una idea en novela o una idea en filosofía, o una idea en ciencia. Y está claro que la misma persona no puede tener todo esto. En cierto modo las ideas hay que tratarlas como si fueran potenciales, las ideas son potenciales, pero potenciales ya comprometidos en según qué modo de expresión. E inseparables del modo de expresión, de tal manera que no puedo decir, ‘tengo una idea en general’. En función de las técnicas que conozco puedo tener una técnica en determinado ámbito, cine, filosofía.

(Deleuze et al., 2024, p. 1)


Nos sumergimos, entonces, en la dimensión (des)conocida como “creación”, algo así como el empleo del lenguaje para/en el discernimiento de aquella idea deleuziana que por añadidura es “esta” idea. Ocurre que, mientras ustedes están leyendo estas reflexiones, los reflejos de sus respuestas a cada uno de los interrogantes planteados aparecen y desaparecen.

Retomamos el discurso de Deleuze et al. (2024), entonces, para quien el esquema en este proceso de puesta en marcha, de descripción de la idea, puede variar de técnica, conforme a cada disciplina. Pero, ¿y el lenguaje? ¿Qué sucede con el lenguaje en este sentido? ¿Qué herramientas debemos utilizar para ser capaces de declarar aquello que necesitamos expresar? Lo que significa, ni más ni menos, que el deseo de ser comprendidos.

Otra buena pregunta: ¿cuáles serían los fundamentos para sostener que el lenguaje académico es el más conveniente para competir por el trono de la eficacia cuando un eventual lector tiene que interpretar un texto? Dado que el lenguaje es un fenómeno social, otra pregunta atinada sería la siguiente: ¿evoluciona a la par de la sociedad el “lenguaje académico”?

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Lectura recomendada
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Dado que no podemos detenernos en este tema, recomendamos la lectura del sociólogo francés Pierre Bourdieu (Denguin, 1930-París, 2002) y su gran obra Homo academicus, de 1984, así como Intelectuales, política y poder, escrita quince años después.


3.1.2. Diferencias entre lengua y lenguaje

Dar cuenta de cómo las palabras se transforman en expresiones es entrar de lleno en el corazón del lenguaje. Pero, ¿qué caracteriza al lenguaje académico?, ¿bajo qué parámetros formales debería estar concebido?, ¿sobre qué características debería estar edificado?, ¿cuáles implicancias lo encuadran?, ¿posee límites específicos que lo constituyan? Y, aunque a primera vista resulte indudable y (hasta) caprichoso, cabe preguntar también: ¿qué debe comunicar, teniendo en cuenta que el lenguaje es inevitablemente ideología, aunque lo proclamemos tras clasificaciones tales como “formativo” o “informativo”? Una vez planteadas las preguntas y sugeridas las respuestas, estamos en estos mismos momentos a las puertas de entrada de la explicación del mundo racional a través de la palabra, convertida en descripción y argumento.

Pero, insistimos, ¿de qué hablamos cuando nos referimos a lenguaje académico? ¿Qué interpretación le damos? No existen inconvenientes para intentar aclararlo. Ferdinand de SaussureN (Ginebra, 1857-Vufflens-le-Château, 1913) ofrece una definición clara: “El lenguaje tiene un lado individual y un lado social, y no se puede concebir el uno sin el otro” (Saussure, 1945, p. 36). Y prosigue:

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Pero ¿qué es la lengua? Para nosotros, la lengua no se confunde con el lenguaje: la lengua no es más que una determinada parte del lenguaje, aunque esencial. Es a la vez un producto social de la facultad del lenguaje y un conjunto de convenciones necesarias adoptadas por el cuerpo social para permitir el ejercicio de esa facultad en los individuos. Tomado en su conjunto, el lenguaje es multiforme y heteróclito; a caballo en diferentes dominios, a la vez físico, fisiológico y psíquico, pertenece además al dominio individual y al dominio social; no se deja clasificar en ninguna de las categorías de los hechos humanos, porque no se sabe cómo desembrollar su unidad.

La lengua, por el contrario, es una totalidad en sí y un principio de clasificación. En cuanto le damos el primer lugar entre los hechos de lenguaje, introducimos un orden natural en un conjunto que no se presta a ninguna otra clasificación.

(Saussure, 1945, pp. 37)


Como podemos discernir, para su desarrollo conceptual la lingüística de Saussure (1945) subordina el lenguaje a la lengua.  El primero se reconoce simplemente como la capacidad del hombre para expresar, es decir, como si fuera algo innato, sujeto a otras características –sistémicas, sí–, pero no tan fijas: más voluble, cambiante, que evoluciona y que, por tanto, puede escapar del argumento científico por su carácter un tanto abstracto. En cambio, la lengua, como sistema de signos, sí merecería un análisis algo más exhaustivo y fundamentado por su formalidad constitutivamente científica, ya que su esencia es el idioma. Esto implica la concepción desde ya metódica de su estudio –como se apuntó antes–, y de hecho es el objeto del que se ocupa la lingüística, tal como la inauguró Saussure.

Los signos lingüísticos constituyen herramientas de significación que se manifiestan a través de las palabras, la voz y también en forma corporal. Este sistema de signos es el que configura y estructura a la lengua. La ciencia que se encarga de estudiar los signos es la semiología.

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Para ampliar
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Para profundizar en las definiciones de las citas precedentes, se puede consultar la obra de F. de Saussure, Curso de lingüística general, capítulo III, parágrafo I, “La lengua: su definición”, pp. 36-39, disponible en el repositorio institucional: https://repositorio.uvq.edu.ar/media/resources/APUNTE.11Saussure.PDF

También es posible encontrar antecedentes sucedáneos de estos temas en Critón de Platón (Atenas, c. 427 a. C.-347 a. C.), contraposiciones teóricas como en Noam Chomsky (Filadelfia, 1928-actualidad) o desarrollos de sus ideas como en Roman Jakobson (Moscú, 1896-Boston, 1982), y decenas de matices de todo tipo en otros tantos autores.


3.1.3. Lenguaje, discurso y poder en el ámbito académico

El lenguaje como objeto de control social y poder tiene como uno de sus principales referentes a Michel Foucault (Poitiers, 1926-París, 1984). Este autor debe aparecer en estos cruces no solo por su pertinencia para el tratamiento del tema, sino también por ser considerado uno de los pensadores más influyentes del siglo XX.

Veremos bajo el siguiente subtítulo la diferenciación que establece entre enunciado y discurso, que es sutil pero importante. Aquí, resulta significativo incluir a Foucault a partir de algunas consideraciones expuestas en Dichos y escritos 2N

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Las prácticas discursivas no son pura y simplemente modos de fabricación de discursos. Ellos toman cuerpo en el conjunto de las técnicas de las instituciones, de los esquemas de comportamiento, de los tipos de transmisión y de difusión, en las formas pedagógicas, que, a la vez, las imponen y las mantienen.

(Foucault, 1999, p. 241)


Se trata, ni más ni menos, del lenguaje como elemento especular del poder. Vale la pena también transcribir, de la manera más breve posible y para acentuar posiciones, aquello que formuló el mismo autor en otra obra, La arqueología del saber, publicada en 1969:

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Y si consigo demostrar, cosa que trataré de hacer inmediatamente, que la ley de semejante serie es precisamente lo que hasta aquí he llamado una formación discursiva, si consigo demostrar que esta es el principio de dispersión y repartición, no de las formulaciones, no de las frases, no de las proposiciones, sino de los enunciados (en el sentido que le he dado a esa palabra), el término discurso podrá quedar fijado así: conjunto de los enunciados que dependen de un mismo sistema de formación, y así podré hablar del discurso clínico, del discurso económico, del discurso de la historia natural, del discurso psiquiátrico.

(Foucault, 2015, p. 181)


En palabras más sencillas, esto podría resumirse del siguiente modo: esto lo dice el médico, esto lo dice el economista, esto lo dice el fiscal.

3.1.4. Diferencia entre enunciado y discurso

Es necesario entonces retrotraernos unos párrafos en la misma obra de Foucault (2015) (que además de filósofo fue psicólogo, sociólogo e historiador) para –ahora sí– entender de manera definitiva tal sentencia: la definición de enunciado.

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(...) se llamará frase o proposición las unidades que la gramática o la lógica pueden reconocer en un conjunto de signos: estas unidades pueden estar siempre caracterizadas por los elementos que figuran en ellas, y por las reglas de construcción que las unen; en relación con la frase y con la proposición.

(Foucault, 2015, p. 180)


Y continúa:

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Se llamará enunciado la modalidad de existencia propia de ese conjunto de signos: modalidad que le permite ser algo más que una serie de trazos, algo más que una sucesión de marcas sobre una sustancia, algo más que un objeto cualquiera fabricado por un ser humano; modalidad que le permite estar en relación con un dominio de objetos, prescribir una posición definida a todo sujeto posible, estar situado entre otras actuaciones verbales, estar dotado en fin de una materialidad repetible.

(Foucault, 2015, p. 180)


De este modo, más allá de las definiciones, lo que entra en juego son posiciones estructurales. Se trata de una disputa por la autoridad y la legitimidad de los saberes, en función de los intereses que representan y de las jerarquías institucionales que detentan. En este análisis resultan imprescindibles tanto el “qué” se dice –en el plano del enunciado– como el “cómo” se dice, en el plano discursivo.

3.1.5. La planificación

Sin que importe hasta aquí la gravitación que pueda tener la expresión, es decir, sin pensar aún en quién será el destinatario de nuestro trabajo, todavía estamos en etapa de “tarea”; en este caso puntual, la planificación de cómo plasmar aquella idea (retomando a Deleuze, estamos “preproduciendo la película”). Nos encontramos en la etapa de comenzar a estipular las características formales que abordaremos, las estrategias que pondremos en juego y, sobre todo, qué queremos decir en el acercamiento dialógico con el lector.

En esta instancia, resulta importante identificar con claridad los inconvenientes que podríamos afrontar respecto del tema elegido a partir de la idea inicial. Esto implica establecer las reglas que debemos seguir y aquellas que no debemos infringir. En otras palabras, se trata de ir trazando las consideraciones generales del trabajo, y esta etapa exige abrirse a todo tipo de dudas.

Otra de las actividades fundamentales en esta fase es pensar la bibliografía que se utilizará. Legítimamente, podemos preguntarnos cuál sería la fuente precisa para que también resulte preciso el trayecto.

3.1.6. Borrador

En el borrador ya estamos empezando a plasmar conocimiento. Contra esos enemigos invisibles que invaden nuestra nunca celebrada “hoja en blanco” y que anidan en cada una de las personas que alguna vez escribió algo, es que debemos apoyarnos en la bibliografía escogida.

En esta etapa es posible escribir mal y tener ideas absurdas, que justificarán precisiones en el paso siguiente: el de la revisión. No obstante, escribir tonteras no significa pensarlas. Por eso, es importante ir delineando las cuestiones más relevantes a desarrollar y las secundarias, sin desconcertarse en el intento: en el camino a la revisión se irá depurando todo lo que no corresponda.

Estamos en un estado, llamémosle, “pretransicional”, marcado por referencias propias, códigos personales, básicos, que se deberán ligar de la manera menos dificultosa posible. Aunque indefectiblemente serán “básicos” y “personales”, no deben resultar ilegibles y entrañar problemas en el momento posterior de decodificarlos.

3.1.7. Revisión

En esta etapa ya comienza a madurar el objeto, se va definiendo la cuestión formal y se delinea el origen de la tarea. De cierta manera, y aunque suene raro, es la fase inicial del final del trabajo.

Asistimos en esta etapa a la necesidad de conciliar la idea escrita en forma básica con la idea elaborada; de convertir los cimientos, al menos, en una casa con intenciones de mansión. Dejamos atrás las hipótesis endógenas del trabajo y procesamos todo lo pensado, posteriormente anotado en palabras formuladas e ideas claras.

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Leer con atención
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Siempre se debe privilegiar la claridad. Y si se advierte que esta tarea no está siendo efectiva, aunque parezca redundante, conviene volver a explicar. Hay que evitar las frases confusas, los excesos gramaticales y sintácticos; y no buscar lucirse a costa de la incomprensión.

Independientemente de que las frases sean largas o cortas, se debe procurar siempre la síntesis; no obstante, la extensión de la oración o el fraseo forma parte de la subjetividad, y esto es irrenunciable.

Por último, es necesario seleccionar cuidadosamente los términos que se utilizarán. Si se opta por una expresión que podría resultar inadecuada o poco clara, es imprescindible explicarla. En este sentido, conviene tener presente una premisa fundamental: anticiparse al lector.


3.1.8. Mejora del texto

Ingresamos a la amalgama de todo. La etapa que nos hará responsables únicos de lo que hayamos pensado y plasmado, de la consideración del lector y, en muchos casos, de un público mucho más numeroso y refinado de lo que creemos.

Es el momento de consolidar el punto de partida: la idea. A esta altura, ya se debe haber “soltado” todo lo cavilado, es decir, aquello que generó dudas y que, finalmente, fue objeto de reflexión. Puede haber equívocos, por supuesto, pero se tratará de cuestiones no advertidas, errores no forzados que, simplemente, se hayan pasado por alto.

Conviene, en la medida de lo posible, compartir el trabajo con alguien que posea mayor competencia que quien lo escribe, y actuar siempre con honestidad en todos los aspectos. A esta altura, ya se ha decidido qué se dice y cómo se dice: el lector nos está esperando.

Es fundamental considerar la especificidad del ámbito en el que se transmite la idea. Si el trabajo se inscribe en un contexto universitario, no puede formularse como si perteneciera al ámbito gastronómico. ¿Acaso sería pertinente redactar una carta de restaurante como si se tratara de una encíclica papal? En ambos casos, distorsionar las competencias del receptor implica, inevitablemente, menoscabarlo.

Y, para finalizar, es recomendable dejar siempre preguntas abiertas.

3.2. Normas básicas de citación y referencia en el ámbito académico

Una vez que se logra organizar una idea, planificarla, redactar un borrador, revisarlo y mejorar el texto, aparece una cuestión central en la escritura académica: cómo incorporar de manera adecuada las voces de otras y otros autores. En el ámbito universitario, escribir no consiste solamente en expresar una opinión propia, sino también en dialogar con conocimientos ya producidos, retomarlos, discutirlos, ampliarlos o ponerlos en relación con nuevas preguntas.

En este sentido, citar y referenciar correctamente no es una formalidad secundaria. Se trata de una práctica que permite reconocer el origen de las ideas, dar sustento a los argumentos y hacer visible el recorrido de lectura e investigación que sostiene un trabajo. Además, constituye una condición básica de la honestidad intelectual, ya que evita presentar como propias ideas, palabras o producciones ajenas.

Las normas de citación son un conjunto de reglas que indican cómo mencionar correctamente las fuentes utilizadas en un trabajo académico. Existen distintos estilos (como MLA o Chicago), pero uno de los más utilizados en ciencias sociales son las Normas APA 7ª edición. Este estilo establece criterios claros tanto para las citas dentro del texto como para la elaboración de la lista de referencias al final del trabajo.

3.2.1. ¿Por qué utilizamos normas de citación?

El uso de normas de citación responde a varios objetivos fundamentales:

  • Reconocer la autoría de las ideas que no son propias.

  • Evitar el plagio, es decir, presentar como propio el trabajo de otros.

  • Permitir la verificación de la información por parte del lector.

  • Dar sustento teórico a los argumentos desarrollados.


En síntesis, citar correctamente no es solo una exigencia formal, sino una práctica ética y académica esencial.

3.2.2. Citas, referencias y bibliografía

Respecto de las obras utilizadas en la elaboración de un trabajo académico, es importante distinguir tres conceptos clave:

  • Cita: es la mención dentro del texto de una idea, dato o fragmento tomado de otra fuente.

  • Referencia: es el detalle completo de esa fuente, que se incluye al final del trabajo.

  • Bibliografía: puede incluir todas las obras consultadas, aunque no hayan sido citadas. En APA se utiliza principalmente el término referencias, que incluye solo las fuentes citadas.


3.2.3. Tipos de citas en APA

Las Normas APA distinguen entre citas directas (textuales) e indirectas (paráfrasis) (Normas APA, 2023).

Citas directas

Las citas directas reproducen exactamente las palabras del autor.

  • Cita corta (menos de 40 palabras): se incluye entre comillas dentro del párrafo. Ejemplo:

    Según Pérez (2020), “la escritura académica requiere no solo claridad conceptual, sino también el respeto por las normas de citación” (p. 45).

  • Cita larga (más de 40 palabras): se escribe en un bloque independiente, sin comillas y con sangría. Ejemplo:

    Pérez (2020) afirma:

    La escritura académica requiere no solo claridad conceptual, sino también el respeto por las normas de citación. Estas permiten construir un discurso fundamentado y transparente, facilitando la comprensión y la verificación de las ideas presentadas. (p. 45)


Citas indirectas (paráfrasis)

Las citas indirectas consisten en expresar con palabras propias una idea de otro autor. Ejemplo:

La escritura académica implica respetar normas que garantizan la claridad y la transparencia del discurso (Pérez, 2020).

3.2.4. ¿Cómo citar dentro del texto?

En APA, las citas incluyen: Apellido del autor, Año de publicación y Número de página (este último dato solo en citas textuales).

Existen dos formas principales de citar dentro del texto:

  • Cita narrativa. Ejemplo: Pérez (2020) sostiene que…

  • Cita parentética. Ejemplo: “La escritura académica requiere no solo claridad conceptual, sino también el respeto por las normas de citación” (Pérez, 2020).


3.3. Referencias según el tipo de fuente

Al final del trabajo se incluye la lista de referencias, que en el uso cotidiano suele nombrarse también como bibliografía. En esta sección del trabajo académico se detallan todas las fuentes citadas. A continuación, se mencionan algunas de las estructuras empleadas para generar la referencia de la fuente utilizada, en función de su formato.

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Ejemplo
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  • Libro: Apellido, Inicial del nombre. (Año). Título del libro. Editorial.

    Pérez, J. (2020). Introducción a la escritura académica. Editorial Universitaria.


  • Artículo de revista: Apellido, Inicial del nombre. (Año). Título del artículo. Nombre de la revista, volumen(número), páginas.

    Gómez, L. (2019). Estrategias de escritura en estudiantes universitarios. Revista de Educación Superior, 12(3), 45-60.


  • Página web: Autor o institución. (Año). Título del contenido. URL

    Normas APA. (2023). Guía completa de citación en APA 7ª edición.https://normas-apa.org/ 


  • Documento PDF en línea (sin editorial tradicional): Apellido, Inicial del nombre o institución. (Año). Título del documento [PDF]. URL

    Universidad Nacional. (2022). Guía para la elaboración de trabajos académicos [PDF].https://www.ejemplo.com/


  • Video: Autor o canal. (Año). Título del video [Video]. Plataforma. URL

    Canal Educativo. (2022). ¿Cómo citar en formato APA? [Video]. YouTube.https://www.youtube.com/


  • Imagen: Autor. (Año). Título [Imagen]. Sitio. URL

    García, M. (2021). Esquema del proceso de escritura académica [Imagen]. Repositorio Académico.https://www.ejemplo.com/


  • Audio / Podcast: Autor. (Año). Título del episodio (N.º) [Audio podcast]. Plataforma. URL

    Fernández, L. (2021). La importancia de escribir en la universidad (Ep. 5) [Audio podcast]. Spotify.https://www.spotify.com/ 


  • Redes sociales: Usuario. (Año, día y mes). Contenido. [Publicación]. Plataforma. URL

    @educacionhoy. (2023, 15 de marzo). Consejos para mejorar la escritura académica. [Publicación]. Instagram.https://www.instagram.com/


3.4. Presentación de información en trabajos académicos

El uso adecuado de las Normas APA no solo mejora la presentación de un trabajo académico, sino que también contribuye a la formación de estudiantes críticos y responsables. Aprender a citar correctamente es un paso fundamental en el ingreso a la vida universitaria, ya que implica comprender que el conocimiento se construye de manera colectiva y requiere del reconocimiento del trabajo de otros. Además de citar fuentes correctamente, es importante saber cómo organizar y presentar la información dentro del texto académico; para ello, las Normas APA regulan la inclusión de elementos visuales y aclaraciones, tales como tablas y figuras.

3.4.1. Tablas

Las tablas se utilizan para organizar datos en filas y columnas.

  • Se numeran consecutivamente (Tabla 1, Tabla 2).

  • El título se ubica en la parte superior, en cursiva.

  • Se debe incluir la fuente si los datos no son propios.

  • Deben ser mencionadas en el texto (por ejemplo: “como se observa en la Tabla 1…”).


Ejemplo:

Tabla 1
Hábitos de estudio en estudiantes universitarios

Nota. Adaptado de Pérez (2020).

3.4.2. Figuras

Las figuras incluyen gráficos, diagramas, imágenes o ilustraciones.

  • Se numeran consecutivamente (Figura 1, Figura 2).

  • El título se ubica debajo, en cursiva.

  • Se puede agregar una nota explicativa o la fuente.

  • También deben ser mencionadas en el texto.


Ejemplo:

Figura 1
Relación entre horas de estudio y rendimiento académico

Nota. Elaboración propia en base a Gómez (2019).

3.4.3. Notas al pie

Las notas al pie se utilizan para agregar aclaraciones o información complementaria sin interrumpir el texto principal.

  • Se indican con números en superíndice.

  • Se ubican al pie de la página correspondiente.

  • No se utilizan para reemplazar las citas, ya que APA emplea el sistema autor-fecha.


Ejemplo:

La escritura académica requiere normas específicas¹.
¹ Estas normas pueden variar según la disciplina.

3.5. Conceptualización del plagio en el ámbito universitario

En el ámbito de la educación superior, el conocimiento se produce de manera colaborativa y acumulativa. No es un proceso aislado, sino que todo texto académico se construye sobre la base de ideas y contribuciones teóricas previas (Navarro y Brown, 2014).

Sin embargo, la línea entre el diálogo académico y la apropiación indebida suele desdibujarse cuando se presentan ideas, textos, datos o creaciones de terceros como si fueran propios. En estos casos, además de estar omitiendo deliberada o involuntariamente la referencia a los verdaderos autores, se está incurriendo en plagio.

Para evitar cometer plagio académico es fundamental distinguir con claridad la voz de quien escribe de la voz de la fuente consultada. Esto se logra empleando las normas de citación y referencia, a partir de lo cual se brinda reconocimiento a los autores y se evita la usurpación de la propiedad intelectual.

3.5.1. Tipologías frecuentes en el aula

Jaume Sureda-Negre et al. (2009) señalan que el plagio no siempre obedece a una intención maliciosa (“plagio fraudulento”), sino que frecuentemente es consecuencia de una falta de formación en escritura académica. Muchos estudiantes incurren en plagio por desconocimiento de las normas de citación, por dificultades para sintetizar información, o por la falsa creencia de que el conocimiento disponible en internet es de dominio público y no requiere atribución.

A partir de situaciones que ocurren cotidianamente en las aulas, se suele clasificar el plagio en distintas modalidades:

  • Plagio servil o literal: el clásico “copiar y pegar” fragmentos exactos sin el uso de comillas ni referencias.

  • Plagio por parafraseo inadecuado: cambiar algunas palabras por sinónimos manteniendo la estructura y la idea original del autor, sin darle el crédito.

  • Plagio mosaico: entrelazar ideas propias con fragmentos copiados de diferentes fuentes, dificultando la detección de qué le pertenece al estudiante y qué no.

  • Autoplagio: presentar un trabajo propio que ya fue evaluado en otra asignatura como si fuera nuevo y original.


3.5.2. Marco normativo vigente

El marco regulatorio del plagio académico se divide en dos grandes niveles: la ley nacional y la normativa interna de cada institución.

En Argentina, el resguardo de las obras está regido por la Ley N° 11.723 de Régimen Legal de la Propiedad Intelectual. Esta normativa protege tanto los derechos patrimoniales como los derechos morales de los autores.

La ley, en su artículo 10, establece que es lícito publicar o utilizar fragmentos de obras ajenas con fines didácticos o científicos (“derecho de cita”), pero impone una condición irrenunciable: debe indicarse siempre la fuente y el nombre del autor.

En el plano institucional, amparadas en su autonomía por el artículo 29 de la Ley de Educación Superior (N° 24.521), las universidades nacionales abordan el plagio a través de sus propios Estatutos y Reglamentos Generales de Alumnos (o Reglamentos Disciplinarios). En el caso de la Universidad Nacional de Quilmes, el artículo 15 del Código de Convivencia de la UVQ (Res. CS Nº 503/09 2009) establece que el plagio es una práctica legalmente punible y académicamente condenable que no puede ser aceptada, sobre todo en ámbitos académicos. Su empleo será sancionado en los términos de la normativa vigente.

El sistema universitario y la ley argentina (Ley 11.723) están diseñados bajo la premisa de que el autor es siempre una persona física. Por este motivo, hoy en día muchas instituciones se encuentran en pleno proceso de revisión de sus normativas para incorporar explícitamente el uso ético de la inteligencia artificial (IA), en un intento por diferenciar el plagio tradicional de la generación automatizada de textos.

3.6. Diferencias entre uso asistido por tecnologías y prácticas indebidas

En el contexto universitario, es necesario diferenciar entre la utilización de tecnologías digitales –incluidas herramientas basadas en inteligencia artificial– con un propósito legítimo, como apoyo al aprendizaje, y su uso indebido, lo que puede constituir una falta académica o plagio.

Según Deinny José Puche Villalobo (2025), la IA está generando un fuerte impacto en el ámbito educativo, y transforma los procesos de enseñanza y aprendizaje. Su presencia en los entornos académicos crece constantemente, aportando múltiples beneficios y nuevas posibilidades tanto para estudiantes como para docentes. Asimismo, sostiene que los sistemas de IA actúan como tutores inteligentes, proporcionando asistencia personalizada a los estudiantes en cualquier momento y lugar. Al mismo tiempo puede analizar datos para identificar patrones que podrían indicar dificultades de aprendizaje, permitiendo intervenciones tempranas. Los sistemas de IA pueden evaluar el progreso de los estudiantes de manera continua y proporcionar información detallada a docentes y padres.

3.6.1. Uso asistido por tecnologías

El uso asistido por la tecnología hace referencia al uso herramientas tecnológicas como soporte en el proceso de aprendizaje, sin sustituir la autoría intelectual del estudiante. Su uso es válido cuando se cumplen las siguientes condiciones:

  • Se mantiene la autoría propia del trabajo.

  • Se comprenden y reelaboran los contenidos obtenidos mediante la herramienta.

  • Se citan o reconocen las fuentes o asistencias utilizadas cuando corresponde.


Se utilizan tecnologías para:

  • Corrección gramatical y de estilo.

  • Búsqueda de información.

  • Organización de ideas.

  • Orientación o guía en la redacción.


En este caso la tecnología actúa como una herramienta que facilita los procesos de producción, y no como sustituto del pensamiento crítico.

3.6.2. Prácticas indebidas y uso no ético

Las prácticas indebidas en el ámbito académico se refieren a aquellas conductas que vulneran los principios de honestidad, integridad y responsabilidad en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Estas incluyen acciones como el plagio, la copia en evaluaciones, la falsificación de datos y el uso inapropiado de herramientas tecnológicas.

Según Tracy Bretag (2016), la deshonestidad académica abarca cualquier comportamiento que otorgue una ventaja injusta al estudiante o que afecte la validez de la evaluación. EEstas prácticas implican una violación de los valores fundamentales de la integridad académica, tales como la honestidad, la confianza, la equidad, el respeto y la responsabilidad.

Por su parte, el International Center for Academic Integrity (http://academicintegrity.org/aws/ICAI/pt/sp/home_page) define estas conductas como acciones que atentan contra la credibilidad de los procesos educativos y comprometen el desarrollo ético de los estudiantes. En el contexto actual, el uso no ético de la inteligencia artificial –por ejemplo, la generación de trabajos sin reconocimiento o la automatización de respuestas evaluativas–, se incorpora como una nueva forma de práctica indebida.

Se consideran prácticas indebidas aquellas en las que la tecnología reemplaza total o parcialmente el trabajo intelectual del estudiante sin transparencia ni reconocimiento.

  • Presentar textos generados por herramientas como propios, sin modificación ni cita.

  • Copiar respuestas automáticas sin comprensión del contenido.

  • Utilizar software para evadir controles académicos (por ejemplo, alterar textos para evitar detección de similitudes).

  • Delegar la elaboración completa de trabajos en sistemas automatizados.


Estas acciones implican falta de integridad académica, ya que hay una apropiación de contenido sin autoría real.

El criterio clave para la diferenciación entre uso asistido de tecnologías y prácticas indebidas para la producción de contenido académico es el grado de intervención intelectual del estudiante y la transparencia en el uso de la tecnología. En el uso asistido hay participación activa, comprensión y elaboración propia; en el uso indebido hay sustitución del esfuerzo intelectual y ocultamiento del origen del contenido.

El enfoque formativo dentro del ámbito académico tiende a promover una utilización crítica, ética y responsable de la tecnología, lo cual implica establecer pautas claras sobre el uso de herramientas digitales, promover la alfabetización digital y académica e incorporar estas tecnologías como recursos pedagógicos, no como ventajas indebidas.

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Leer con atención
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El uso de tecnologías en sí mismo no constituye un problema en el ámbito académico. Lo decisivo es cómo se utilizan. Cuando potencian el aprendizaje y respetan la autoría, son aliadas. Cuando sustituyen el pensamiento y se ocultan, se convierten en prácticas indebidas.


3.7. Honestidad intelectual y responsabilidad en la producción de conocimiento

En general, y en el ámbito académico en particular, suele confundirse y acotar la noción de honestidad intelectual con “no incurrir en plagio”. Si bien incluye esta última condición, su comprensión requiere un abordaje mucho más amplio y se lo puede, entonces, con buenas prácticas globales en el proceso de elaboración, escritura, y con la correcta argumentación de la exposición, ya sea oral o escrita, en la producción de conocimiento y exposiciones afines. Asimismo, resulta deseable que haya consideración y análisis de posturas y posiciones que pudieran diferir con la propia idea y línea que se desee producir. 

Esta aclaración reviste importancia en esta sociedad actual, donde los avances tecnológicos han ampliado de manera inédita el acceso a la información. No obstante, en ocasiones han acarreado una evidente merma de la capacidad para procesar dichos contenidos de manera global, crítica, reflexiva y productiva; por ello se requiere también un buen criterio en la selección de fuentes.

3.7.1. La honestidad intelectual como base para el avance del conocimiento

Esta honestidad se hace necesaria e indispensable para la construcción y la difusión del conocimiento, entendida como la práctica de reconocer de manera precisa las fuentes, atribuir correctamente la autoría de las ideas y garantizar que los procesos de investigación y enseñanza se realicen con transparencia y rigor (Bretag, 2016).

Su buena práctica implica entonces ir más allá de evitar el plagio, la falsificación de datos o la apropiación indebida de trabajos ajenos. También implica el uso de una postura crítica, reflexiva, imparcial y ética frente a la información y los resultados obtenidos. Ser intelectualmente honestos requiere de reconocer errores involuntarios, de buena fe, así como asegurar fidelidad al momento de expresar el pensamiento de un tercero.

Dentro de la honestidad intelectual, se hace necesaria la responsabilidad en la producción de conocimiento como una actividad que involucra a investigadores, docentes y estudiantes los cuales deben asumir las consecuencias éticas y sociales de sus aportes intelectuales. Esto incluye garantizar la validez de los métodos empleados, la integridad de los datos y la fidelidad de los resultados comunicados, así como el respeto por los derechos de terceros y la contribución al avance del saber colectivo (International Center for Academic Integrity, 2025).

De acuerdo con Thomas Carson (2010), se detallan a continuación algunos criterios que podrían ayudar a reflexionar sobre la honestidad intelectual de un trabajo académico:

  • ¿Se ha identificado y consultado fuentes diversas y de buena calidad?

  • ¿Hay suficiente evidencia que apoye la idea o argumento?

  • ¿Se trató toda la evidencia, bibliografía con el mismo criterio? (¿O se descartó la lectura de recursos por no coincidir con la idea que se pretende abordar?).

  • ¿Se representaron en la formación de la idea todas las posiciones en forma adecuada?

  • ¿Se es consciente de las propias limitaciones conceptuales?

  • ¿Hay algún conflicto de interés en la producción desarrollada?

  • ¿Se han empleado correctamente referencias y citas de las fuentes consultadas?


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En conjunto, la honestidad intelectual y la responsabilidad conforman un marco ético que sustenta la credibilidad de la investigación y la educación superior. El no cumplir con los procesos académicos adecuados los debilita y puede incluso provocar efectos negativos en la formación de futuros profesionales y en la sociedad en su conjunto, ya que se favorece la circulación de información incorrecta o manipulada. Por ello, la promoción de estos valores resulta esencial para garantizar un entorno académico basado en la transparencia, la honestidad y la integridad del conocimiento.


Referencias bibliográficas

Bretag, T. (ed.). (2016). Handbook of academic integrity. Springer. https://doi.org/10.1007/978-981-287-098-8

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Navarro, F., y Brown, A. (2014). Lectura y escritura de géneros académicos: Conceptos básicos. En F. Navarro (ed.), Manual de escritura para carreras de humanidades (pp. 55–100). Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

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Puche Villalobos, D. J. (2025). La inteligencia artificial y el fraude académico en el contexto universitario. Revista Digital de Investigación y Postgrado, 6(11), 73–93. https://doi.org/10.59654/kg944e15

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